La Trampa de la Sociedad de Confort y Cómo Sortearla

Vivimos en una época fantástica para vivir, de grandes avances tecnológicos y con una plena abundancia en cuanto a recursos. Hoy la persona promedio de clase media baja tiene las mismas (e incluso mejores) comodidades que tenía la realeza en siglos anteriores. La medicina ha avanzado a pasos agigantados y nuestra expectativa de vida llega a los 90 o incluso 100 años de vida. 
Sin embargo, a pesar de esto (o quizá gracias a esto), hay epidemia de sobrepeso y obesidad, se baten récords todos los años de muertes por cardiopatías, enfermos de cáncer, alzhaimer, accidentes cerebro vasculares, diabetes… y muchas otras enfermedades a las que Deepak Chopra en su libro «Cuerpos sin Edad, Mentes sin Tiempo» llamó «enfermedades de la civilización»
Vivimos en un mundo donde alcanzan y sobran alimentos para darle de comer al mundo entero diariamente y sin embargo tenemos desnutrición y muertes por hambre en muchos lugares del planeta. En cuanto a la alimentación, la mayoría de la población se encuentra DESNUTRIDA por exceso (sobrepeso y obesidad) o por defecto (hambre y desnutrición). 
El punto es que esta «Sociedad de Confort» en la que vivimos, con su sistema de libre mercado, nos ha llevado a creer y a acostumbrarnos a la idea del confort y la comodidad como norma de vida, y de la inmediatez como derecho adquirido. Sin embargo, esta idea de confort e inmediatez llevados al extremo, resultan altamente perjudiciales para una persona, porque la realidad es que para crecer y para evolucionar, lo que una persona necesita es justamente adquirir virtudes como la persistencia, la constancia, la paciencia, la fortaleza y la resiliencia ante situaciones de dificultad. Si todo nos es dado de manera FÁCIL, CONFORTABLE Y RÁPIDO, entonces no evolucionamos, no crecemos. Y los resultados de esto son justamente los que mencioné más arriba como «enfermedades de la civilización». Esta es la «Trampa de la Sociedad de Confort».
   
EL NEGOCIO DE LA PÉRDIDA DE TIEMPO, DE DINERO Y DE CONOCIMIENTO
Otro gran problema que existe hoy en día y que de alguna forma es lo que causa el escenario descripto en el punto anterior, es justamente el gran negocio que implica para la billonaria industria de la salud (industria alimentaria e industria del fitness) el generar en la sociedad carencia de tiempo, de dinero y de conocimiento. 
O sea, para esta gigante industria de la salud, hay dos tipos de personas que no son negocio: la PERSONA SANA y la PERSONA MUERTA. Así de simple y de directo. Esto es así, porque la persona sana no tiene necesidad alguna de estar asistiendo regularmente al sistema de salud tradicional. Sólo lo hace de manera excepcional ante alguna urgencia o necesidad imperiosa. Una persona que goza de una excelente salud, vive su vida y su salud de manera «preventiva», siendo consciente de su alimentación, de su acondicionamiento físico y de su salud mental, buscando mejorarlas cada vez más. La persona muerta…. Bueno, ya sabemos por qué no implica un negocio para la industria de la salud. 
Por esto resulta clave para esta industria, buscar que la gente se mantenga enferma, física y mentalmente, gastando su dinero en médicos y fármacos que sólo tratan los síntomas, en alimentos que no nutren, que intoxiquen pero que no maten causando enfermedades que nos mantengan justamente en este estado de «carencia» de salud permanente, para seguir siendo rentables para el sistema, por el resto de nuestras vidas. Y la mejor manera de garantizar esto, es manteniendo a la sociedad DESINFORMADA y confundida, ya que como bien dice la Biblia, «la verdad os hará libres». Pero alguien libre, tampoco es negocio… Así que, mejor ocultar la verdad con una gran masa de información contradictoria e incorrecta, afirmándola como verdad absoluta. Y así es como se crean los GRANDES MITOS relacionados con la nutrición y el acondicionamiento físico que son luego aplicados en las dietas y planes de entrenamiento tradicionales que la gente intenta llevar a cabo una y otra vez, fracasando prácticamente SIEMPRE. 

La idea de este artículo no es generar pánico ni tampoco brindar una teoría conspirativa sin finalidad alguna. La idea es generar conciencia en quien lo lee, para que pueda por sí mismo reflexionar y cuestionar tanto lo que yo digo aquí, como lo que actualmente cree que es la verdad sobre la salud y el acondicionamiento físico, y sobre todo, en lo referente a la sociedad de confort a la que tanto nos hemos mal acostumbrado.

LA SOLUCIÓN A ESTA SITUACIÓN
Ante esta situación tan pesimista, cabe preguntarnos cómo podemos hacer para poder superarla y aprender a salir de la misma viviendo en ella y utilizándola a nuestra conveniencia, y no siendo utilizados por ella.

Lo primero que tenemos que lograr, es «tomar conciencia» de esta situación. Ya por el sólo hecho de estar leyendo este artículo, estás comenzando a tomar conciencia, estás comenzando a lo que comúnmente se llama «despertar» o «iluminar» una nueva situación que antes no veías. Este tomar conciencia se caracteriza por poder mirar el lugar en el que nos encontramos con respecto a esta situación que describí anteriormente: soy de alguna forma, víctima de este sistema? vivo mi vida de manera inconsciente en lo que respecta a mi salud, mi nutrición y mi estado físico? soy esclavo de las tendencias, modas y publicidades que buscan mantener a la sociedad adormecida?. Al mismo tiempo que uno se hace estas preguntas, es necesario comenzar a corroborar que el sistema funciona realmente así como fue descripto.

El segundo paso que se debe dar para superar esta situación es «accionar» es decir, actuar. Comenzar así a investigar y asesorarse sobre temas de salud, nutrición y acondicionamiento físico, para poder tomar las mejores decisiones para nosotros mismos primero y para quienes nos rodean luego. Al mismo tiempo que nos vamos informando y educando, tomamos las decisiones correspondientes y comenzamos a alimentarnos de manera saludable, así como debemos comenzar a entrenar con regularidad.

El tercer paso es «forjar el hábito». No es suficiente con tomar conciencia y accionar. Además debemos forjar el hábito, ya que si actuamos de vez en cuando, eso no nos llevará a lograr resultados y mucho menos nos ayudará a cambiar nuestro estilo de vida. Por el contrario, no adquirir hábitos, sólo hará que nos frustremos y en el mediano plazo, abandonemos nuestros intentos de cambiar nuestra salud y nuestro cuerpo. Por eso, persistir hasta conseguir hacer de la vida saludable un hábito, resulta fundamental.

El último paso es «confiar» en que los resultados, tarde o temprano van a llegar indefectiblemente. Para esto, hay que también adquirir y desarrollar el hábito de la paciencia. Es muy importante no sucumbir ante los reveses y los obstáculos que se presentan día a día al querer llevar una vida saludable. Vamos a caer muchas veces en comer alimentos no saludables o en faltar a un entrenamiento, sin embargo lo importante es mantenerse en el camino, superar esos fracasos, aprender y seguir con el plan estipulado.

De este modo, a través de estos cuatro pasos, vamos a poder salir del círculo vicioso de una vida insana ofrecida por esta «sociedad de confort» en la que vivimos, para pasar a vivir una vida saludable transformando nuestro cuerpo y sobre todo, nuestra mente. Porque en definitiva se trata de esto: lo más importante de todo, no es el cuerpo bonito que podemos lograr sino, la persona en que nos convertimos, la mentalidad y los hábitos que adquirimos en el proceso. Porque para lograr todo esto debemos dejar de ser quienes éramos, para pasar a ser quienes podemos ser, nuestra mejor versión.

Federico Medina
Coach de Fitness & Wellness

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Por Qué No Podemos Sostener una Vida Saludable (Y qué hacer para lograrlo!)

En general, cuando escribo, cuando grabo un video o un podcast, lo hago desde mi experiencia personal. Más allá de ser Coach, entiendo que la mejor manera de transmitir algún conocimiento es a través de compartir una experiencia vivida, y si es la del propio autor, mucho mejor. No invalido los conocimientos teóricos, para nada. De hecho, yo los tengo y sigo aprendiendo de ellos cada día. Pero la experiencia de algo, nos queda tan impregnada en nosotros mismos, que sin dudas a la hora de compartirla con los demás, lo haremos desde el mayor compromiso.

Entonces, desde mi experiencia, voy a explicar los motivos por los cuales a la gran mayoría de las personas les cuesta sostener una vida saludable. Por qué comienzan con una dieta y un plan de entrenamiento, y luego de un tiempo (desde una semana a dos, tres, seis meses) abandonan y fracasan en el intento, una y otra vez, para frustrarse, no conseguir resultados y auto compadecerse de sí mismos, pasando luego a la culpa, la impotencia, la negación, la reflexión (superficial) y el comienzo de un nuevo intento, para terminar luego en un nuevo fracaso y así sucesivamente.

Desde mi punto de vista, los humanos vivimos una VIDA PARADÓJICA. O sea, estamos insertos desde que nacemos (o incluso antes) en una realidad paradójica de la que no podemos escapar, para bien o para mal (eso depende de la interpretación de cada uno). Esta paradoja establece como presupuesto, lo siguiente: Los humanos en esta vida, buscamos SIEMPRE, las siguientes cosas: la plenitud espiritual (o bienestar del alma, bienaventuranza lo llama la Biblia) y el placer sensorial o físico, y buscamos evitar el vacío espiritual y el sufrimiento sensorial.

Ahora bien, la segunda parte de la paradoja radica en lo siguiente: que lograr la plenitud espiritual, de alguna forma implica buscar y atravesar el sufrimiento sensorial o físico y que lograr el absoluto placer sensorial implica el vacío espiritual.

Esta teoría puede sonar antigua o pasada de moda, sin embargo, el devenir de la historia nos ha demostrado que de una manera u otra, esto siempre se ha cumplido. Quienes han quedado como referentes de nuestra historia humana (si uno estudia sus vidas lo puede confirmar) son un claro ejemplo de esta paradoja, en aquello que sea que hayan destacado: han necesitado de una gran disciplina, han sido personas con grandes virtudes que han sabido domar sus impulsos y forjar su personalidad a puro esfuerzo. El talento en sus casos, sólo ha servido como una herramienta en función de sus propósitos de vida. Ellos han triunfado en la mayor batalla que enfrenta cada persona en su vida: la batalla con uno mismo.

El problema, es que esta sociedad de búsqueda de confort constante en la que vivimos, nos lleva constantemente a la búsqueda de placer, que como ya vimos, al ser totalmente efímero y no causar plenitud, nos lleva inexorablemente a vivir en un vacío existencial cada vez mayor. Vacío que bien supieron describir los filósofos existencialistas y nihilistas en su momento. Tanta tecnología de alguna forma nos ha deshumanizado, llevándonos a un retraso espiritual cada vez más profundo.

Y de esta forma, evitamos el dolor sensorial, el dolor físico y emocional, cuando es justamente este dolor (en su justa medida) el que nos hace crecer, el que nos hace evolucionar espiritualmente. Porque es el dolor el gran maestro, el dolor físico y/o el dolor emocional. Porque no hay mayor aprendizaje que atravesar el dolor que nos puede causar sufrir un desamor, una enfermedad, una banca rota o incluso la pérdida de un ser querido.

Es mediante un desamor que podemos aprender a valorar el amor de pareja, es a través de una enfermedad que podemos aprender a valorar un buen estado de salud, es por una banca rota que podemos aprender la importancia de la buena administración del dinero, y es por la muerte de un ser querido que podemos aprender a valorar la presencia de una relación cercana.

Estos aprendizajes, dolorosos y duros son los que templan nuestra alma, son los que nos hacen sentir vivos. Sin estos aprendizajes, vivimos una vida dormidos, amorfinados, sin sentido.

Entonces, llevando estos principios que rigen cualquier vida humana al ámbito de la vida sana, puedo decir lo siguiente: no es capaz de sostener una vida saludable mediante el entrenamiento físico y la alimentación sana, quien busca constantemente el placer inmediato, el placer efímero y evitar el dolor físico sensorial.

Esto es así, porque tanto el entrenamiento físico como la alimentación saludable, requieren disciplina y cierta dosis de ascetismo y dolor. En el entrenamiento físico, es sabido que para que los músculos crezcan se deben romper fibras musculares mediante ejercicios de fuerza. Al romperse esas fibras, simplemente el cuerpo sufre. Lo mismo pasa con la capacidad aeróbica: para aumentar esta capacidad, es necesario sufrir la falta de aire mediante el entrenamiento, de ese modo el cuerpo se va habituando a esto y va aumentando esa capacidad.

Con la alimentación también es así. Muchas veces, los alimentos más saludables no son ni los más deliciosos ni placenteros. Sin embargo son los que nos hacen mejor a la salud. Las harinas refinadas, el azúcar, las grasas trans, el alcohol, las gaseosas, son extremadamente placenteros pues la industria se ha ocupado de perfeccionar esto para que nos volvamos lo más adictos posible. Es por esto, que debido a esta adicción al placer alimenticio que tenemos, nos cuesta tanto dejar este tipo de comidas definitivamente. Una vez más, ya inconscientemente buscamos el placer en la comida.

Entonces, es por este motivo de fondo que la mayoría de la gente no puede sostener los hábitos de una vida saludable. La búsqueda inconsciente y constante de placer nos lleva a -sin darnos cuenta- dejar de lado nuestra búsqueda de plenitud. Basta darse cuenta de esto cada vez que decidimos entrenar: no hay nadie en este mundo que después de un buen entrenamiento no sienta una increíble sensación de logro personal, de plenitud, de haber logrado el bien arduo. Y lo mismo cabe decir de la comida: todos sentimos una agradable sensación y un aumento de energía cada vez que comemos de manera sana. Nuestro cuerpo y nuestra alma nos lo agradecen.

Se trata entonces, de buscar en nosotros mismos un fuerte motivo de fondo para que podamos romper con este círculo vicioso mencionado en los primero párrafos, y luego hacernos fuertes en la auto disciplina para poder sostener y persistir en los nuevos hábitos que se quieren adquirir.

Luego de encontrar un buen propósito de fondo, resulta necesario hacer un plan de acción para llevar a cabo ese propósito. Necesitamos también rodearnos de personas que nos puedan ayudar y de las herramientas que vamos a necesitar.

Una vez tenemos el propósito y disponemos de un plan, las personas correctas y de las herramientas, lo que hay que hacer es ponerse en acción. Actuar. Comenzar día por día a hacer lo que estipulamos en el plan de acción y persistir. No importa cómo nos sintamos, no importa si nos gusta o no nos gusta lo que estamos haciendo, simplemente, persistir.

Y por último, es muy importante avocarse a vivir el presente mientras llevamos a cabo las acciones de una vida saludable. Evitar la culpa, la ansiedad por los resultados y evitar irnos del momento que estamos haciendo lo que debemos, ya sea entrenando o comiendo de manera sana. Dejar la mente de lado.

De esta forma es como yo lo fui haciendo desde 2014 y lo sigo haciendo en la actualidad.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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10 Consejos de una Monja de Clausura Para Vivir los Días de Confinamiento

  1. ACTITUD DE LIBERTAD.

Lo más fundamental es la actitud con que vivas, la interpretación que haces tú mismo de la situación, la consciencia de que no es una derrota. Paradójicamente, ésta puede ser una oportunidad de descubrir la más genuina y grande libertad: la libertad interior que nadie puede quitarte, la que procede de ti mismo. Es verdad que las autoridades nos “obligan” a estar en casa, tu libertad consiste en adherirte voluntariamente, sabiendo que es por un bien superior. Libre es el que tiene la capacidad de asumir la situación porque quiere hacer lo correcto. No estás encerrado en casa, has optado por permanecer ahí “libremente”.

2. PAZ DONDE SE ENSANCHE EL ALMA.

Mira dentro de ti mismo, el más amplio espacio para expandirte y ser feliz está en tu corazón, no necesitas espacios externos, sino andar con holgura en tu propio mundo. Dale cabida a la creatividad, escucha tus propias inspiraciones y encuentra la belleza de la que eres capaz. Tal vez aún no has descubierto que en la paz del alma brota vida… la vida es creación de más vida, comunicación de gozo y amor. Cuando te acostumbres a vivir en ti, ya no querrás salir.

3. NO TE DESCUIDES, LA PAZ HAY QUE TRABAJARLA.

Ejercita virtudes que requieren de concentración y autoconocimiento, esas que normalmente descuidamos por estar ocupados en mil quehaceres “externos”. De cómo afrontas tus propias emociones y pensamientos, de la gestión de tus sentidos y pasiones depende que vivas en el cielo o en el infierno. Obsérvate y domínate, porque si te dejas llevar del miedo, la tristeza o la apatía, difícilmente cortarás el hilo, ya que no hay muchas evasiones. Disciplina sobre tu corazón: cuando algún pensamiento no te haga bien, deséchalo. Procura inclinarte hacia todo aquello que vayas notando que te da paz y alegría… la armonía hay que currársela.

4. AMA

El tema de fuego para estos días será la convivencia. Ante la crisis por la pandemia estamos más susceptibles e incluso irritables. Tendrás que ser muy paciente y usar mucho el sentido común. Somos diversos, cada quien tiene una sensibilidad diferente por miles de circunstancias. Acepta y respeta las opiniones y sentimientos de los demás. Es muy normal, cuando estamos en nuestra casa, la tendencia a querer controlar todo… Procura no hacerlo, sería causa de muchos enfrentamientos y frustraciones. Quítale importancia a las diferencias, potencia las cosas que unifican. El único terreno que realmente te pertenece eres tú mismo: tus pensamientos, palabras y emociones; no controles, contrólate. Desde el amor sacarás comprensión y empatía, ganas de dar y agradecimiento al recibir. Respeta, acoge la fragilidad, desdramatiza, vive y deja vivir.

5. NO MATES EL TIEMPO

Nada podrá crearte una sensación tan grande de vaciedad y hastío, como pasar el tiempo inútilmente. Es un enemigo gravísimo que podrá robarte la paz y hasta meterte en la depresión. Haz un plan para estos días e intenta vivirlo con disciplina. Descanso y ocupación no son antagónicos, aprovecha para descansar haciendo actividades que te relajen o que estimulen un buen ánimo. Tómate tu tiempo en las cosas sencillas: que la cebolla quede pochadita, los garbanzos tiernos, el potaje a fuego lento ¡Tenemos tiempo!… Aunque un guiso te tome 2 horas, disfruta haciéndolo, pero empéñate en que las cosas que haces, por sencillas que sean, tengan valor y una finalidad, nada de perder tiempo sin sentido, “matar el tiempo” es matar la vida.

6. ENSANCHA TUS PROPIAS FRONTERAS

Cuántas veces nos hemos quejado de todo lo que dejamos por hacer debido a la falta de tiempo. ¡Venga, ahora lo tenemos!…Ese libro que te regalaron hace tres navidades y no has leído, ese otro que aún no has devuelto porque te lo dejaste por la mitad. Si te gusta la música, busca nuevos artistas, descubre nuevos géneros. ¿Te apetece un viaje?… Piensa en algún país exótico y aprende sobre su cultura, legua, tradiciones… tenemos internet para eso. Si eres persona de fe y oración, tal vez no sabes que rezar porque ya agotaste todo lo que sabías ¿Por qué no pruebas con la liturgia de las horas?… Descárgala en tu móvil;  busca en los escritos de algún santo, seguro encuentras muchas cosas que te llenaran el alma de nuevas luces. No te conformes con lo que ya conoces y sabes… ahora que hay oportunidad, ábrete a novedades que te aporten sabiduría y te llenen de alegría.

7. PARA LOS MAS SENSIBLES

Digo con mucho realismo, que no todos dominamos igual las emociones. Habrá personas a quienes, por su psicología, les costará mucho más este confinamiento. Las emociones no solo provienen de nuestro interior, también lo que vemos, escuchamos, tocamos, etc, nos influye. Por ello, hay que ser selectivos con lo que recibimos desde fuera para evitar entrar en círculos viciosos que nos atrapen en la desesperación o nos hagan perder el control. Evitad en la medida de lo posible: conversaciones de tipo pesimista, discusiones, malas caras, exceso de información, películas de terror o intriga, desorden dentro de casa. Como no hay muchas evasiones que nos hagan cambiar de “chip”,  todo lo que entre en nuestro cerebro permanecerá ahí por más tiempo de lo habitual, por eso hay que tener cuidado de no obsesionarnos o no dejar anidar una emotividad negativa en nuestro interior. El exceso de pantallas también es malo, porque sobre-estimula el cerebro y nos pone más nerviosos. Hay que dormir bien, pero en demasía pude provocar sensación de fracaso o derrota. Un remedio buenísimo para canalizar la energía y relajarnos es bailar. Poned buena música y reírse un rato largo bailando. Nada como reírse para reiniciar nuestro sistema interior.

8. NO ESTAS AISLADO

Es importante comprender que no tienes por qué sentirte solo, pues no lo estás. El amor y cariño de tu gente sigue ahí, aunque el contacto físico se haya distanciado. Esta es una oportunidad para vivir la comunicación a otro nivel más profundo, más íntimo. Habla con los que tienes en casa con tranquilidad, sin prisas, escúchales hasta que terminen, deja que el diálogo haga crecer la confianza y las confidencias construyan complicidad. Dí lo que nunca tienes tiempo de decir, cuenta lo que siempre has querido contar, habla de todo y nada pero con cariño, que es lo que llega al alma y hace nido. Responde aquella postal navideña que no agradeciste, la carta que te emocionó y a la que estabas aplazando respuesta, ese e-mail de una vieja amistad. Busca palabras con belleza, intenta darle expresión a tus sentimientos más nobles… Habla desde el corazón y crea lazos mucho más profundos con tu gente. Descubrirás que la distancia no es ausencia.

9. JORNADA DE REFLEXION

Por no agobiarse, también es conveniente buscar momentos de silencio y soledad. En la organización del tiempo para éstos días, también meted espacios de “oxigenación” individual.  ¡Cuántas personas alguna vez he escuchado decir: “Cómo me gustaría retirarme algunos días a un monasterio”! Pues la ocasión está aquí, en casa. Ordinariamente nos cansamos del aceleramiento que tenemos encima, como si fuéramos desbocados por la rutina diaria sin tiempo para asimilar lo que vivimos. Esperamos cambios sustanciales en la sociedad “ésto no puede seguir así”, también se escucha mucho. Pues tenemos esta oportunidad para meternos en un capullo como el gusanito que se convierte en mariposa. Reflexionad, pensad, meditad… ¿Qué puedo cambiar en mi para ser mejor después de estos días?… La separación de las cosas que ordinariamente nos traemos entre manos, ayudará para ver si realmente estamos poniendo el acento en las que importan, de que otras cosas podemos pasar, cuales son irremplazables, etc. Un buen discernimiento para mejorar hará que estos días hayan sido de mucho provecho. Hombres y mujeres nuevos después de esta crisis.

10. ORA.

Sólo la oración (que es el vínculo de amistad con Dios) puede sustentar la vida en todas las situaciones, especialmente en las adversas. Oración, que como diría Sta. Teresa, “aunque la digo a la postre, es la principal”. Orar es abrirse a ese “Otro” que puede sostenerme cuando yo necesito ayuda; pero también cuando yo estoy bien, orar es sostener a otros que lo necesitan. Es la experiencia más universal del Amor. Ora, habla con Dios, se pasaran las horas sin que te des cuenta: háblale de todo, no se cansa de escucharte, desahógate con El cuando lo necesites y ¿Por qué no?… deja que también Él se desahogue contigo, es tu Padre, tu Hermano, tu Amigo.  Ejercita tu fe y tu confianza. Si te dejaste la relación con Dios en el trajecito de marinero de tu primera comunión o en ese bonito vestido blanco, vuelve a intentarlo, ahora hay tiempo y serenidad para conversar con El. Tal vez no crees porque no has probado ¿Y si lo intentas?…

MUY IMPORTANTE: Antes que nada, quiero aclarar que este artículo no lo escribí yo. Me llegó por una persona cercana a mí y me pareció excelente su contenido tal cual está. Del artículo original no surge el nombre del autor o autora. Sin embargo, fue escrito en el Blog http://carmelitasdescalzascadiz.wordpress.com , allí lo pueden encontrar.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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Tony Robbins, Coronavirus y un Nuevo Renacimiento

Era domingo 8 de marzo de 2020 y me encontraba en el aeropuerto de Ezeiza con mi padre y mi novia, esperando para ingresar a la zona de embarque para tomar el vuelo que me llevaría a Los Ángeles, a donde arribaría al día siguiente a media mañana, horario de la Costa Oeste de Estados Unidos. Viajaba al evento «Unleash your Power Within») de Tony Robbins que tendría lugar desde el siguiente jueves 11 de marzo hasta el domingo 16 a las 19 horas. Tomábamos un café los tres, mientras charlábamos de distintos temas, entre ellos, el de una enfermedad que se estaba dando del otro lado del mundo, en China y que se había expandido hacia algunos otros países. Nada de qué preocuparse -aparentemente-, más allá de algunas pocas personas que pasaban caminando por distintos lugares del aeropuerto, con barbijos.

Así fue que ingresé a la zona de embarque alrededor de las 18 hs., atravesando los controles migratorios con total normalidad. Hacía año y medio que no viajaba en avión, lo cual generaba un poco de ansiedad que se sumaba a mi ansiedad por el evento de Tony en sí mismo. Tenía la intuición que ese evento cambiaría mi vida para mejor. La asistencia a ese evento me encontraba en un muy buen momento personal, con mis proyectos muy claros, con mi actitud y mi energía muy focalizadas en llevarlos a cabo y en plena mejora de las distintas áreas de mi vida. Era el momento ideal para vivir algo como el evento de Tony.

Así, despegó mi vuelo hacia la ciudad de Santiago de Chile, única escala del largo viaje hacia Los Ángeles. Pasando como pasajero en tránsito, fui directo hacia la zona de embarque para tomar el correspondiente vuelo hacia Los Ángeles que saldría casi dos horas después. Y fue allí, en la zona de embarque, esperando el siguiente vuelo, que comencé a tener un adelanto de lo que vendría: un gran contingente de ciudadanos chinos (alrededor de unos 60) se encontraban en la misma zona de embarque, esperando para tomar el mismo vuelo que yo. Todos con el correspondiente barbijo puesto. En ese momento que tomé conciencia de eso, una sombra recorrió mi ser. Sentí un escalofrío por todo el cuerpo.

Me considero una persona altamente saludable, al punto de creer que con nuestras creencias y pensamientos somos los creadores de todo, incluso de nuestra salud. Y estoy convencido de esto. Pero hoy veo que como humanos, como civilización, también hemos creado con nuestras creencias, nuestros pensamientos y sobre todo, con nuestro estilo de vida, esta pandemia que yo estaba comenzando a ver en aquel momento.

Yo no disponía de barbijo ni de ningún otro tipo de protección en especial; sólo mi sistema inmunológico y mis defensas, consecuencias de mi estilo de vida altamente saludable. Y de la confianza de que aquellas funcionasen a su máximo nivel en aquel vuelo. Así, me dispuse a viajar y me entregué a la situación. Nada iba a evitar que asistiera al evento más esperado de mi vida. O si…?

Así, luego de unas 11 horas de vuelo de las cuales pude dormir (dormitar) la gran mayoría, el avión comenzó su descenso a la ciudad de Los Ángeles en horario, tocando tierra alrededor de las 10 a.m. del lunes 9 de marzo. Encendí mi celular. De pronto, al recobrar señal el dispositivo, como suele suceder comenzaron a ingresar los mensajes de Whatsapp, todos de golpe, súbitamente, viendo que en el grupo del evento de los Latinoamericanos que asistiríamos habían más de 250 mensajes nuevos. Y fue así que llegó en ese momento lo inesperado, lo que supuestamente era imposible que sucediera: alrededor de las 5 a.m. de ese lunes, el equipo de Tony nos había notificado la cancelación del evento. En ese momento, comencé a ver cómo todo estaba cambiando. Y cuando digo todo, me refiero a TODO.

Bajé del avión casi como un autómata, leyendo mensajes y digiriendo de a poco la noticia, llegando a la zona de migraciones del aeropuerto de Los Ángeles, sin la mínima preocupación del ingreso en Estados Unidos. Aún estaba shockeado. Sin embargo, hice los trámites normalmente y pasé sin problemas los controles. Finalmente me quedé a 5 metros de la puerta de salida del aeropuerto con el celular en la mano, leyendo mensajes y reflexionando.

«Ok, Fede, ya estás en esta situación. Qué es lo mejor que podés hacer para solucionarla?». Así comenzó a pensar mi mente. Gracias a Dios, tengo muchos años de trabajo interno personal encima y muchas experiencias en las cuales fui aprendiendo (muchas veces con mucho dolor) a no ceder a mis emociones. Por eso en ese momento en que me encontraba solo, en un país extranjero donde se habla otro idioma, con reservas de alojamiento hechas, ticket del evento y pasajes en ómnibus y avión pagados, tomando conciencia de que todo eso estaba perdido, pude tener la suficiente calma para pensar. Y pensé… y pensé.

Entonces, empecé a actuar. Primero, cómo había sido el tema de la cancelación: tomé conocimiento de que el equipo de Tony Robbins había decidido cancelar el evento casi 5 días después de la declaración del «estado de emergencia» por parte del Gobernador de California. Grave error de Tony, ya que si hubiera cancelado el evento el mismo día que se decretó dicha declaración, la mayoría de nosotros no hubiéramos viajado. Al menos yo, seguro, pues mi único motivo del viaje era asistir al evento en San José. Así, decidí hacer saber al grupo de latinos que yo iba a reclamar el reembolso del ticket y una indemnización por los gastos perdidos y los perjuicios sufridos, perdida de tiempo, molestias y demás. Armé entonces un grupo de whatsapp para quienes querrían reclamar lo mismo, al cual se unieron poco más de 30 personas, junto con las cuales hoy me encuentro reclamando legalmente.

Luego de decidir esto, allí parado en el aeropuerto, comencé a pensar hacia dónde moverme. Me quedaría a conocer Los Ángeles? Yo tenía reserva en Venice Beach, lugar que me interesaba conocer, principalmente sus playas y puntualmente Muscle Beach, debido a mi pasión por las pesas y el entrenamiento físico. Era una opción y no parecía una mala opción. El problema es que para ello debía cambiar mi pasaje de vuelta y no dependía de mí elegir el día y el vuelo para volver. Así, luego de un buen rato de reflexión y de discutir en los grupos de Whatsapp sobre los pasos a seguir respecto de Tony Robbins, me dirigí a las oficinas de Latam en la planta baja del aeropuerto para solucionar el tema de mi vuelta.

Encontré allí una señora, empleada de Latam, de origen latino, a la cual le pude explicar toda la situación sucedida. Que debido al Coronavirus se acababa de cancelar el evento de Tony Robbins del fin de semana siguiente, y que debido a ello debía volver a mi país lo antes posible, a lo que ella me informó que esa misma tarde volvía a Buenos Aires el avión en el que yo había llegado. Puntualmente a las 15.30 hs. de Los Ángeles, despegaba el avión. Le pregunté entonces si cabía la posibilidad de volver en dicho vuelo, contenstándome ella que podría ser, pero que debía hablarlo con su supervisora.

Luego de un par de horas, esta señora me confirmó que podía volver ese mismo día en dicho vuelo de las 15.30 hs., sin costo alguno, debido a la excepcional situación que se estaba viviendo por el tema del Coronavirus. Así, a las 15.30 hs. del día lunes 9 de marzo, me encontraba embarcando nuevamente de retorno a Buenos Aires, con la correspondiente escala en Santiago de Chile, arribando al aeropuerto de Ezeiza a las 10 hs. del día martes 10 de marzo. De allí, a la oficina el resto del día para terminar nuevamente en mi casa a la noche. El rally de dos días había terminado. Sin embargo, eso no era más que el principio del cambio que ya mencioné. Del cambio de TODO.

Si hay algo en lo que no me equivoqué fue en que dicho viaje cambiaría mi vida (una vez más) y cambiaría la realidad. Al día siguiente decidí quedarme en mi casa, ya que en Argentina ya se estaba hablando de Estados Unidos como un país de riesgo respecto al tema del Coronavirus. Se sumaba a China, Irán, Corea del Sur, Italia y España. Y ya se hablaba del proyecto de Decreto presidencial que establecería una cuarentena obligatoria de 14 días para quienes hubieran viajado a dichos destinos en los últimos días. Fue así que al día siguiente, ese Decreto de Necesidad de Urgencia fue emitido, por lo que ahora debía quedarme 14 días confinado en mi casa a cumplir la cuarentena, sin poder salir de mi casa ni tener contacto personal con absolutamente nadie. Ni mis hijos, ni mi novia, ni mi familia, amigos, nadie. «Tony, esta me la vas a pagar muy cara….». Por supuesto que todas estas consecuencias se sumarían al reclamo contra el imprudente Gurú.

Video que hice dirigido a Tony Robbins

Así, un nuevo golpe era asestado. Nuevamente reflexión meditación y análisis ante la situación de aislamiento y encierro por 14 días. Nada de descontrol emocional ni de caer en desánimo. A buscar soluciones para las distintas áreas y actividades de mi vida. Y así lo hice. Me encuentro en plena recreación de mi trabajo, mi vida social y relaciones, mi entrenamiento y alimentación y buscando aprovechar el tiempo lo máximo posible. Estoy de alguna forma, renaciendo, una vez más.

En lo concreto, estoy digitalizando todo mi trabajo como abogado y como coach, estoy entrenando y dando entrenamientos desde mi casa y me comunico con mis seres queridos por Whatsapp y Zoom. Leo mucho, escucho podcasts, veo videos, busco nutrir mi mente y mi alma lo más que puedo. Porque está cambiando TODO. Es un cambio de era lo que estamos viviendo. Es la REVOLUCIÓN DE LA CONCIENCIA.

Este cambio no es nuevo, a pesar de que se está viendo con mucha más fuerza ahora. Es un cambio que viene desde hace bastantes años. La tecnología está tendiendo a reemplazar a los humanos en las tareas más mecánicas que no necesitan creatividad ni humanidad, la globalización es casi absoluta y debido a eso todo se expande a velocidades atroces (desde la información hasta las enfermedades), por lo que cada vez resulta más importante asumir la responsabilidad de que lo que hacemos en un lugar del mundo, repercute inevitablemente en todo y todos. El efecto mariposa en su máxima expresión. Somos un todo, un enorme ecosistema en el cual necesitamos (no ya si lo deseamos o no) cooperar entre todos para sobrevivir.

Se acabó la era de la propiedad absoluta, del egoísmo extremo, del no pensar en los demás al actuar, de la dilapidación de recursos, de la ley de la selva. Se acabó el ojo por ojo, pues es evidente que terminaremos todos ciegos. Estamos ante un nuevo Renacimiento, el renacimiento de la conciencia, el renacer del SER, de las personas con sus dones más que con sus profesiones. Con sus talentos, sus virtudes, su compromiso y su amor, más que con sus títulos, su dinero, sus lujos y sus posesiones.

Es el volver a mirar la realidad (o hacerlo por primera vez) desde el punto de vista de lo realmente importante: a quién le importa ahora cómo van los resultados del fútbol, o qué estrenos salen en el cine, o qué están haciendo en este momento los famosos?. Los desbalances, las desigualdades y los sinsentidos que llevamos tanto tiempo creando los humanos en este mundo, tarde o temprano se vuelven a balancear, a igualar y a cobrar sentido. La naturaleza y el Universo son infinitamente más fuertes que nosotros, y sus leyes son INQUEBRANTABLES. Más tarde o más temprano, la sentencia llega, y la balanza se acomoda.

El Coronavirus, esta enfermedad, esta pandemia que estamos atravesando, no es otra cosa más que El Gran Igualador: no hace diferencia de clases, ataca tanto a pobres como a ricos, a lindos, a feos, a gordos, flacos, profesionales, analfabetos, cultos, bohemios, materialistas, famosos y desconocidos. Nadie está exento. Sólo remite cuando tomamos conciencia y aplicamos la prudencia quedándonos en casa, cooperando con los demás, respetando las distancias…. Frenando, reflexionando y cuidando nuestra salud, nuestra alimentación, nuestra energía, junto con las de los demás. Qué paradoja, todas cosas que hasta hace unas semanas, la gran mayoría de la población no estábamos habituados a hacer.

Federico Medina
Coach de Wellness

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Cuando Te Sientas Perdido

Somos humanos, por lo que, en algún momento de la vida, todos nos hemos sentido perdidos, sin saber bien lo que estamos haciendo, por qué lo hacemos y sobre todo, para qué lo hacemos.

Tarde o temprano, llega un momento en la vida (a veces son muchos momentos) en que nos cuestionamos y nos preguntamos… «es ésta la vida que quiero?», «es esto todo lo que hay en la vida?». Y quizá a partir de ese momento, (si la respuesta a esa pregunta no nos satisface sino que nos disgusta o nos da esa sensación de vacío) todo lo que nos parecía normal en nuestra vida, nos empieza a parecer extraño, incómodo o incluso, desagradable. Y es entonces cuando comienza a nacer en nosotros la necesidad del cambio.

Sin embargo, antes de llegar a la luz, es necesario pasar por la sombra, por el valle de lágrimas. Es ineludible forjar nuestra persona para ir creando esa nueva persona que queremos ser. Eso es así, si en el mejor de los casos, sabemos quién queremos ser. Aunque es poco probable. Lo más probable es que nuestro propósito se vaya revelando en el camino.

Cuando te sientas perdido…

Y esto es así, porque la mayoría de las veces buscamos cambiar por defecto. Es decir, comenzamos por saber lo que no queremos, lo que ya no nos identifica, aquello que ya no queremos ser y/o hacer. Entonces comienza una etapa de caos, de ruptura de nuestra persona. Es ineludible. Es una etapa de distintas sensaciones, con mucho dolor. Porque romper el capullo, duele y mucho. Crecer, evolucionar, duele. No hay otra.

Pero al mismo tiempo es un proceso de auto descubrimiento, en el cual comenzamos a conocernos a fondo, de verdad. Porque el verdadero carácter y la verdadera personalidad de una persona, se conocen justamente en los momentos más difíciles, en los momentos mas desafiantes y mas dolorosos de la vida.

Luego de esta etapa, la persona saldrá con un conocimiento muy profundo de sí mismo y sabiendo quién es y a qué vino a esta vida. Pero hasta llegar a esta etapa, puede pasar un buen tiempo. Todo depende de la capacidad de aprendizaje de la persona. A algunas personas, les lleva semanas, a otras meses o años y a otras toda la vida. O incluso, varias vidas, si no aprenden en ésta.

Por eso, sea que lleves semanas, meses o años, si te encuentras en esta etapa, debes saber tres cosas fundamentales:

A) La primera: Repetirás hasta aprender. hasta tanto no aprendas, repetirás las experiencias que te están frenando o en las que estás estancado. La vida te enviará (o más bien tú atraerás) personas y situaciones similares para que aprendas la lección correspondiente y puedas así avanzar, evolucionar en aquello que estás experienciando. Es por esto que nos puede pasar, por ejemplo, que salimos con una persona y tenemos una relación, luego esa relación termina por distintos motivos, y si no aprendimos lo que debíamos aprender, volveremos a esa relación con los mismos problemas y las mismas peleas, o atraeremos una nueva pareja con muy similares características a la anterior, con quien se repetirán situaciones de la anterior relación. Eso quiere decir, que aún debes aprender para evolucionar. Una vez que la lección esté verdaderamente aprendida, atraerás personas y situaciones diferentes a tu vida.

B) La segunda: No desesperes. Cuando sientas que no avanzas, que estás estancado, que no puedes salir del problema, que sigues y sigues en el pozo, no desesperes. Nada es para siempre, todo cambia. Aguanta, persiste y busca mejorar constantemente, día por día. De ese modo es que vas a lograr avanzar y continuar el camino, dar los saltos necesarios para avanzar. No hagas caso solamente a tus emociones cuando sientas que algo duele. Conviértete en un espectador de tus estados emocionales, como si estuvieras fuera de tu persona, y mírate en ese momento que estás sintiendo una emoción fuerte, ya se de tristeza o dolor, o de alegría o felicidad. Las emociones son como nubes en el cielo: se identifican claramente, se ven, pero son pasajeras. Incluso aunque el cielo se vea completamente negro, la tormenta pasará.

C) La tercera: Busca ayuda. Para no perder perspectiva de que te encuentras en una situación de caos, de un momento de puro aprendizaje; para que puedas identificar ese momento y poder afrontarlo de la mejor manera posible, cuando te sientas perdido, cuando te sientas hundido o estancado en tu vida, sea la situación que sea, no dudes en buscar ayuda externa. Busca un mentor, un coach, un psicólogo, alguien con quien hablar que te pueda ayudar. Aunque lo que te diga en ese momento no sea de tu agrado, busca alguien que sepas que tiene verdaderas intenciones de ayudarte. Esto es fundamental, porque cuando nos encontramos en el fragor de la batalla interior propia, no disponemos aún de la objetividad ni de la experiencia suficiente para auto ayudarnos y auto sanarnos a nosotros mismos para poder superar de la mejor manera posible ese tipo de situaciones. Por eso, alguien de afuera nos va a dar objetividad y perspectiva. Fundamental para poder avanzar y evolucionar.

Busca ayuda

Entonces, si te encuentras en este tipo de estado, en la cual te sientes en un caos en tu vida, te sientes estancado, que no puedes salir de determinadas situaciones o circunstancias, ten en cuenta estas tres cosas y sobre todo, no desesperes, no pierdas el optimismo y ten siempre una actitud de aprendizaje, una actitud abierta. Pues en definitiva, hemos venido a esta vida a vivir experiencias y a aprender para ser mejores personas, para buscar ser la mejor versión de uno mismo. Y cada situación de la vida puede ser una lección de la cual aprender, o puede ser simplemente algo que te sucede y no sabes por qué ni para qué. Depende de ti interpretar la situación como protagonista o como víctima. Como las interpretes, determinarán tu futuro y tu vida.

Por eso, si te encuentras perdido, en este tipo de situaciones, te deseo lo mejor y estoy a tu disposición para ayudarte en lo que sea que necesites, sin compromiso alguno.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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Víctima o Protagonista

Hay sólo dos maneras de encarar la vida, seamos conscientes de ello o no. O nos sentimos víctimas de la vida, o nos sentimos protagonistas.

Esta división en nuestra manera de percibir la vida es la base de todo lo que creamos y de la totalidad de la vida que tuvimos y tendremos. Es decir, esta división nos cambiará nuestro pasado y por supuesto, nuestro futuro. Atraeremos tanto lo bueno, como lo malo. Pero de cualquier modo aprenderemos, por las buenas o por las malas, en esta vida, o en otras. Así de determinante es percibir la vida desde la victimización o desde el protagonismo.

En mis artículos me gusta hablar de mi vida, porque tengo la teoría que para hablar con cierto grado de autoridad de algo, lo mejor es haberlo vivido. Nada como la experiencia propia para enseñarnos sobre la vida misma.

Así, en mi vida, he pasado por momentos de victimización y momentos de protagonismo. Sin embargo, me considero una persona que busca siempre ser protagonista de su vida, a veces me sale mejor, otras peor. Pero he tenido momentos de oscuridad, sin dudas, en los que -sin ser del todo consciente- me coloqué en el lugar de víctima.

Así, culpé a mis padres, a mis profesores, a mi gran familia y a mi sociedad de mi educación cuando renegaba de ella y de sus aspectos más negativos (desde mi punto de vista, por supuesto).

Culpé a mi padre de no haberme ayudado y apoyado para dedicarme profesionalmente al fútbol, cuando lo que en realidad él estaba haciendo era querer protegerme y ayudarme a elegir por un tipo de vida que él entendía era mejor para mi.

Culpé a ex novias y parejas por no comprenderme a mi, el dueño de la verdad, cuando muchas veces yo no era capaz de ponerme en el lugar de ellas para comprender por qué actuaban como actuaban.

Culpé a mis entrenadores cuando decidieron sacarme del puesto titular de apertura cuando jugaba rugby en la primera división del Club Regatas, en el torneo más importante de Argentina. En lugar de ver qué actitudes mías habían causado que los entrenadores tomasen esa decisión.

Culpé a mi país y a los políticos por mi mala situación económica y social.

Víctima

En definitiva, muchas veces en mi vida elegí (inconscientemente) tomar el camino más fácil, el camino de la victimización. Y también muchas otras elegí, también de manera inconsciente, ser protagonista.

Teniendo en cuenta esto, lo que hoy me diferencia a aquel quentomaba esas decisiones y que echaba culpas, es justamente el tener mayor conciencia sobre este asunto. O sea, el tener conciencia de ser capaz de elegir entre estas dos interpretaciones de la vida, me permite en todo momento elegir ser protagonista y hacerme responsable de todo aquello que sucede en mi vida. Porque de una u otra forma, todo lo que acontece es porque lo he atraído, ya sea de manera consciente o inconsciente.

Esto, desde mi punto de vista, es el gran cambio de paradigma en la vida de una persona, porque nos convierte automáticamente en completos autores y creadores de nuestra realidad. Y al ser los autores, creadores y protagonistas, podemos crear la vida que queremos, que soñamos.

Ya no dependeremos de otras personas (aunque sí interactuaremos con ellas) ni nos afectará lo que puedan pensar o decir de nosotros. Pasaremos ser, entonces, más libres. Más libres para seguir creando nuestra vida y aportando nuestra mejor versión a este mundo.

La queja y la critica constantes, no tendrán lugar. Simplemente no tendremos ni el tiempo ni las ganas de dedicarnos a quejarnos de nuestra situación, sea la que sea, porque estaremos demasiado ocupados buscando soluciones y haciéndonos cargo de las cosas.

Mucho menos tendremos tiempo para preocuparnos por las vidas de los demás, para criticarlos, ya que estaremos absorbidos por la construcción de nuestra propia vida.

No perderemos tiempo innecesariamente en redes sociales o viendo televisión o jugando juegos de video, pues tendremos plena conciencia del verdadero valor del tiempo. Veremos que el tiempo es tan precioso que resulta invaluable. Por eso pensaremos muy bien antes de decidir en qué usar el tiempo y con quienes invertirlo.

Asimismo, estableceremos metas a largo, medio y corto plazo, para poder perseguirlas y eventualmente alcanzarlas. Lo que nos mantendrá enfocados en el camino hacia ellas. Seremos como un barco que se guía por un faro.

Protagonista

Por último, comenzaremos con el tiempo a ser muy selectivos respecto de con quiénes elegimos pasar nuestro tiempo. Al reconocernos protagonistas completos de nuestra vida, como ya dije, nuestro tiempo es precioso y consecuentemente buscaremos dedicarlo a las actividades y personas que se alinean con nuestras metas y nuestro proceso.

Sobre todo, nos iremos alejando de las personas que ven la vida desde el lugar de víctimas, pues ambas formas de ver la vida son diametralmente opuestas. Prácticamente no hay manera de compatibilizar ambas maneras de ver la vida.

Todo esto son consecuencias lógicas e inevitables de interpretar la vida desde el punto de vista del protagonista, y sobre todo, de vivirla como tal. Una cosa va llevando a la otra.

Ahora, la diferencia más determinante que existe entre ambos extremos, es la siguiente: quien ve la vida como protagonista y responsable absoluto, reconoce el lugar de víctima con suma facilidad, porque sabe que también ha estado en dicha posición y ha debido superarla. Sabe que la victimización fue un paso triste pero necesario de su vida para luego llegar a ser protagonista.

Quien ve la vida desde la posición de víctima, no suele tener conciencia de esta dicotomía, pues ni siquiera se reconoce autor de su manera de ver la vida. Absolutamente todo lo que vive, es culpa de algo exterior. Incluso y sobre todo, su manera de ver la vida.

Por eso resulta tan difícil encontrar verdaderos protagonistas de su vida, que se hacen cargo de todo, absolutamente todo lo que viven. Pero creo que sin dudas, vale la pena intentarlo.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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«Rugbiers Muertos Caminando»: Sobre el Caso de Fernando Baez Sosa

Como la gran mayoría de los argentinos, en estos días estoy siguiendo minuto a minuto las noticias sobre el caso del asesinato de Fernando Báez Sosa a manos de aquellos que popularmente han quedado etiquetados como «los rugbiers».

A medida que voy consumiendo estas noticias con el nuevo contenido que sigue apareciendo (nuevos videos, nuevos chats de whatsapp, nuevos audios) y que los incrimina cada vez más a los imputados, lo que más me asombra ver es la actitud de estos chicos (no tan chicos) y de su entorno. Y es esto también lo que me lleva a la siguiente conclusión: lo que más está indignando hoy a nuestro país, a nuestra sociedad, es justamente esa actitud.

Los Rugbiers de Zárate

Esa actitud de querer salvar el pellejo a toda costa y a cualquier precio. Esa actitud de que ninguno de estos diez (u once) niños y sus familias, haya sido capaz hasta el momento de empatizar ni un poco con la familia de Fernando Baez Sosa. De que ninguno haya tomado la más mínima conciencia -ni aparentemente tenga intención de tomarla- de que han quitado una vida totalmente inocente, de este mundo. Y que la han quitado de la manera más cobarde: diez contra uno y sin previo aviso.

De todo este contenido que es de público conocimiento, se ve desde el primer momento en que cometen el delito, que queda manifiesta su apatía total por lo sucedido excepto para felicitarse por ser supuestamente «los matones», «los machos». Queda manifiesto su desinterés por las consecuencias de sus actos y su segurísima esperanza de zafar de cualquier responsabilidad, como se ve que estaban acostumbrados a zafar en su ciudad, Zárate. Esta actitud duele, indigna, causa asco y repugnancia en todos nosotros. Y lo peor de todo, causa unas inmensas ansias de venganza.

Sí, la sociedad emocinalmente quiere venganza. No jodamos. Seamos honestos con nosotros mismos. No queda bien decirlo porque no es políticamente correcto hacerlo, no es civilizado querer venganza. Pero es humano. Ese sentimiento está ahí, latente, presente y constante en cada uno de nosotros, y sabemos muy bien que está. Si prestamos atención, lo identificamos dentro nuestro mientras vemos las noticias. Nos gustaría que de una buena vez sean condenados a cadena perpetua y enviados a una cárcel común para que vean ahí sí, la verdadera justicia por haber hecho lo que hicieron.

Fernando Baez Sosa

Los presos que los están esperando con cuchillo y tenedor, pasaron a ser la esperanza y los futuros héroes de nuestra sociedad para que se haga justicia al fin. Queremos ver cómo se hace justicia de verdad. Nadie lo va a admitir, pero eso es lo que en el fondo de nuestra alma sentimos muchos de nosotros.

Sin embargo, lo que no podemos ver detrás de tanta funcionalidad, es que estos chicos, al igual que Sean Penn en la película Dead Man Walking (Hombre Muerto Caminando), son niños, niños muertos de miedo, que aún no tienen ni un poco de conciencia de lo que hicieron ni de lo que están viviendo, al punto de que -estoy seguro- deben creer (porque sus padres y su abogado les deben de estar haciendo creer) que van a salir caminando libres como siempre lo hicieron en Zárate.

Tienen todas sus esperanzas puestas en que Papá y Mamá «se ocupen» de la situación, los pongan en libertad (sea como sea, pagando el precio que sea y pagándole a quien sea) y ahí sí, esta vez sí, se van a portar bien y a ser ciudadanos ejemplares. Estudiar una carrera, un buen trabajo, casarse algún día, tener una familia, y por qué no, con el tiempo, volver a ser aceptados en la sociedad, que seguramente olvidará lo sucedido. Olvidará el accidente. Porque ellos están convencidos que fue un accidente. Como dijo uno de ellos horas después del hecho: «La vida nos jugó una mala pasada». Aunque parezca increíble, así pareciera que piensan ellos.

Los Rugbiers, minutos después del homicidio

Lo que no se dan cuenta, es que el momento es AHORA. Es ahora el momento de portarse bien y ser ciudadanos ejemplares. Es ahora el momento de juntar coraje, hacerse cargo de sus acciones, pedir perdón por lo que hicieron y aceptar su condena dignamente, dure lo que tenga que durar la pena. Es ahora el momento de convertirse en hombres y dejar de ser niños consentidos de clase alta. Y para esto también es fundamental que los padres de estos chicos les suelten la mano para dejarlos madurar enfrentando cada uno de ellos los golpes que la vida les estáempwzando a dar.

Sin embargo es lógico que estos chicos sean como son, viendo la actitud de los padres de querer liberar cuanto antes a sus hijos de su responsabilidad, dispuestos a pagar cualquier precio, simplemente «porque son sus hijos» y eso lo justifica todo. Porque es evidente que estos padres también son niños. Niños que en este momento sufren porque la sociedad está atacando sus tesoros más preciados: sus hijos.

Sin importarles a ellos tampoco que sus hijos son homicidas. «Mi hijo mató? No importa, es mi hijo, y como lo amo, voy a buscar sacarlo de la cárcel como sea, así no sufre tanto y no sufro tanto yo como padre«. Un totalmente errado concepto de amor: si de verdad amás a tu hijo, dejalo sufrir las consecuencias de sus actos, dejalo que se haga hombre de verdad, que se haga responsable de su vida y sufrí con él. Eso es amor. Lo otro, es ego, apego a tu hijo, posesión. Por eso, al final, como de tal palo, tal astilla, es muy difícil que cambien de actitud.

Pero, pase o no pase esto, salgan libres o no, lo que no ven estos chicos (y sus padres), estos «rugbiers», es que con esta actitud que están tomando y que reafirman día a día, mueren cada vez un poco más. Estos chicos y sus padres están muriendo en vida. Una persona que no tiene un mínimo de coraje, un mínimo de honor para hacerse cargo, para hacerse responsable de las consecuencias de sus actos, -cuando esos actos llevaron a quitarle la vida a alguien totalmente inocente e indefenso del modo en que ellos lo hicieron-, esa persona simplemente es un muerto en vida. Para la sociedad ya están muertos.

Manifestación pidiendo justicia por Fernando

Y lo que tampoco ven, es que es justamente esa patética falta de dignidad, falta de entereza y coraje lo que los inhumaniza, lo que les quita la vida poco a poco. Y es esto lo que están obteniendo de la sociedad día a día. La sociedad, los argentinos, nosotros que estamos viendo las noticias minuto a minuto, al reaccionar ante estas actitudes de cobardía y pasar a odiar a estos chicos, no estamos cumpliendo más que nuestra función de espejos. Espejos que reflejamos y les devolvemos simplemente lo que ellos dan: frialdad, apatía y sed de venganza.

De verdad tienen miedo de que les pase algo en la cárcel?, de verdad sienten que la sociedad y los medios ya los juzgaron?. Bueno, hacen bien en tener miedo, mucho miedo de que les pase algo en la cárcel. Porque tan aberrante fue lo que hicieron y tan aberrante es su actitud, que hasta los presos quieren matarlos. Háganse cargo.

Y hacen bien también en sentir que la sociedad y los medios ya los juzgaron, porque sí, lo hicimos, y los seguimos juzgando a cada minuto y lo vamos a seguir haciendo en tanto y en cuanto sigan apareciendo pruebas indignantes y estos chicos sigan mostrando su cara más cobarde, su cara más inhumana y apática.

Lo vamos a seguir haciendo mientras estos chicos solamente sigan pensando en sí mismos, en salvar el pellejo. Mientras ninguno de ellos pida perdón de corazón a la familia de Fernando Báez Sosa y perdón a la sociedad. Hasta tanto pase algo de eso, los vamos a seguir juzgando y deseando que se pudran en la cárcel. Porque eso es lo que están sembrando.

Es por esto que estos chicos hoy, están muertos en vida, porque como en aquella película Dead Man Walking, no es hasta que el protagonista toma realmente conciencia de sus actos que uno empieza a tener un mínimo de empatía con él. Es cuando se quiebra definitivamente y logra humanizarse y decir «Qué horror, qué hice??» que uno empieza a identificar un poco de humanidad en él. Cuando totalmente devastado por la carga de la culpa, minutos antes de morir por la inyección letal, le pide perdón llorando desconsoladamente a los padres de la niña violada y asesinada por sus manos. Es sólo en este momento que el protagonista, paradójicamente vuelve a la vida. Minutos antes de perderla físicamente. Hasta ese entonces, el protagonista estaba muerto en vida.

Lo mismo sucede con estos rugbiers, están muertos en vida y condenados por la sociedad, por una sociedad que está dolida, lastimada, herida y sedienta de justicia y venganza. Están muertos en vida hasta tanto no puedan quebrar su propia coraza, dejar de lado su cobardía, hacerse cargo de sus actos y sus consecuencias y pedir perdón de corazón, para así poder expiar su falta. Hasta tanto no haya señales de esto, seguirán muertos en vida, seguirán siendo unos «rugbiers muertos caminando», para la sociedad, pero peor aún, para ellos mismos.

Que Dios los perdone, porque nosotros no los perdonamos.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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El Gran Procrastinador

Sí, eso era yo y lo fui durante mucho tiempo: El Gran Procrastinador. Ese aspecto mío dominó buena parte de mi vida. Mucho más tiempo de lo que hubiera deseado. Simplemente, en ese momento no tenía plena conciencia de que eso era así y mucho menos de sus implicancias.

Sin embargo no sólo yo soy en parte así. No. Todos llevamos un Gran Procrastinador dentro que siempre está presente y siempre está listo para tentarnos y hacer de las suyas. Paradójicamente, este Gran Procrastinador no procrastina, no descansa. Trabaja incansablemente 24/7/365. Y en mi caso, durante un tiempo largo, lo dejé influenciarme una buena parte de mis días….

Así en aquella época, a todo le buscaba una salida fácil, una solución rápida, sin esfuerzo en la medida de lo posible, que en lo inmediato no cueste y de paso genere placer. Lamentablemente eso me llevó a una zona muy oscura de mi alma que inevitablemente se reflejaba en mi vida exterior. Se vieron afectados distintos ámbitos de mi vida como mi matrimonio, mi salud y estado físico, mi carrera, mi profesión, mi economía y luego de mi divorcio, viviendo solo, el estado de mi casa, de mi auto y muchas otras cosas.

Procrastinando….

Hay una conclusión a la que llegué luego del mucho dolor que todo esto me causó: la ley del Procrastinador del menor esfuerzo y menor resistencia, puede ayudar en algunos momentos, pero de seguro, no te hace desarrollar tu mejor versión personal ni saca tu mejor carácter. Llevado al extremo, me animo a decir que es todo lo contrario.

En aquellos tiempos, sin darme cuenta, mi Gran Procrastinador me llevaba a vivir en el lugar de víctima: «mi carrera no me gusta, por eso no me va bien»; «no me siento enamorado, por eso no tengo un buen matrimonio»; «no me dedico a lo que amo, por eso no soy rico«; etcétera etcétera, etcétera. Excusas y más excusas. Era una víctima que no me responsabilizaba por la realidad que yo mismo creaba.

Renegué durante mucho tiempo de la educación y formación que me habían dado mis padres, mi sociedad y mi colegio; como si ellos me debieran algo por el sólo hecho de yo existir. Y la culpa de yo encontrarme como me encontraba, de mi infeliz matrimonio y del vacío que sentía en mi vida en general, era de ellos, de todos, menos mía. Triste. Patético.

Ciclo de Procrastinación. Fuente: Habitualmente.com

Sin embargo de la oscuridad surgió la luz, porque al renegar tanto, critiqué, y al criticar, cuestioné. Cuestioné todo, toda mi vida. Todo lo que había formado hasta ese momento: mi carrera, mi profesión, mis hobbies, mi familia, a mis padres, hasta mi matrimonio. Y todo lo fui destruyendo, poco a poco para rehacerme. Pues, al menos destruyendo, yo era el autor, el protagonista. Yo era el responsable. Empezaba a vivir mi vida y no la vida de otros.

Pero en el proceso de rehacerme, no podía por entonces ver a conciencia las cosas muy buenas que me habían sido dadas, principalmente, mi formación y mi educación, mis principios, entre otras cosas. Pasé de un extremo al otro. Y de seguro, tampoco podía ver los obstáculos y los golpes que iban a venir a mi vida con una gran dosis de dolor.

Pasé de tener una vida armada por los demás y para los demás, de acuerdo a como debían ser las cosas (conforme a mi educación y formación), a vivir una vida de caos casi absoluto donde mi única pauta era «si lo siento lo hago, si no lo siento, no lo hago». Pasé de vivir una vida exteriormente disciplinada y armada socialmente a medida, casado, con mi casa, mi auto, mis hijos y mi empleo de 8 horas, a vivir una vida salvaje, con muy poca disciplina, apenas la necesaria para sobrevivir económicamente y cuidar a mis dos hijos.

Esto me llevó a relaciones rotas, quiebra económica, dolor, tristeza, alegrías, placer y más dolor y más tristeza. Fue así, una búsqueda constante de mi persona, un sube y baja durante años consecuencia de esa actitud procrastinadora. Hasta que, cansado de tanto dolor y hastío, decidí pedir ayuda profesional.

Asistí durante tres años a un psicólogo que me ayudó mucho, al mismo tiempo que comencé a cursar la carrera de Coaching Ontológico. Ambas cosas me sirvieron. Sin embargo, fue un proceso largo hasta tomar conciencia de lo importante que fueron y son ciertos principios en la vida. En mi vida.

Principios universales que, paradójicamente, conozco desde que soy chico, principios de mi educación y formación original que tanto había renegado. Por eso es que hoy me considero muy, pero muy afortunado. El problema es que, como el hijo pródigo, por aquel entonces no era consciente del valor de dichos principios, de dicha riqueza que ya tenía en mi vida. Hasta que no perdí casi todo, hasta que no perdí esos principios y esa riqueza, y hasta que no me perdí yo mismo, no tuve real conciencia.

Tuve que perderme en mi Noche Oscura del Alma, tuve que llorar muchas, muchas noches, tuve que vivir el dolor de la pobreza, la desesperación de no llegar a fin de mes durante un largo tiempo, estar endeudado, quebrado, con vergüenza, en la suciedad, la mentira y la humillación para poder ver lo que había perdido, y de ese modo, juntar mis pedazos poco a poco para poder salir de eso. Y así lo fui haciendo.

Varias cosas me ayudaron y me sirvieron para poder salir adelante: mis hijos en primer lugar ya que siempre fueron mi motor para nunca bajar los brazos, mi psicólogo, por supuesto, también el coaching y mis padres, mi familia, quienes siempre estuvieron presentes y dispuestos a ayudar.

Pero lo que más me ayudó de todo, lo que más incidencia tuvo en mi renacer, fue el desarrollo físico, el entrenamiento, el deporte y la sana alimentación. Es decir, mi gran pasión y propósito en esta vida. Es el deporte y el desarrollo físico, ese lugar donde me siento pleno, feliz y seguro, donde fluyo naturalmente, donde me siento en mi zona. Esto fue, es y será así toda mi vida.

El entrenamiento y la vida saludable, cambió mi vida completamente.

Así, a partir del 1 de enero del año 2015, quebrado económicamente, solo, y sin saber muy bien por qué, me comprometí a lograr mi mejor versión física y de salud. Comencé de a poco, pero cada día, a cambiar mi cuerpo, mi estado físico, mi alimentación. Fue entonces que -también muy de a poco- comencé a ver la importancia que tienen ciertos principios como la constancia, la disciplina, la persistencia, la resiliencia, la paciencia, la fortaleza y la intención para poder lograr cosas.

Así, el poder afianzar estos principios y virtudes en el ámbito del desarrollo físico, me fue permitiendo traspolar y aplicar esos mismos principios universales a otros ámbitos como el profesional, el económico, el de las relaciones, en mi casa, en la sociedad, etcétera. Y me fui dando cuenta que nunca fui más feliz en la vida que en aquellos momentos en que logré cosas aplicando justamente, esos principios.

Las situaciones en mi vida en las que he sido (y soy) más feliz, por lejos, son aquellas en las cuales establezco una meta, un plan, una estrategia y acciono con disciplina, pasión y constancia para buscar esa meta. Independientemente de si la logro o no la logro. En ese desafío, en ese camino de perseguir esa meta, encuentro mis mayores momentos de felicidad.

Así lo he hecho en los mayores logros de mi vida: por ejemplo, cada vez que me decidía a estudiar seriamente en el colegio, estudiaba con intención y ganas y mis notas pasaban a ser excelentes; o cuando tomé la firme decisión de llegar a jugar rugby en la primera división de mi club, utilicé estos principios y logré jugar varios años en la Primera División, llegando a jugar un año en el exterior.

O cuando me comprometí a recibirme de abogado en la universidad, a través de los muchos aplazos que tuve, aprendí a estudiar y me recibí; también cuando tomé la firme decisión de mejorar la relación con mis padres que se encontraba deteriorada de mi parte; o cuando decidí divorciarme de un matrimonio que hacía mucho tiempo no funcionaba; y sobre todo cuando tomé la elección de cambiar mi cuerpo y mi salud. Entre otras cosas.

Jugando rugby en Primera División del Torneo de la URBA, año 2001

En todos estos casos, y otros más, el Gran Procrastinador que llevo dentro, fue mayormente dejado de lado. Eso sí, siempre estuvo presente, pero fui aprendiendo a acallarlo cada vez más.

Pero lo más importante de todo, es que hoy soy plenamente consciente de su existencia en mí y de que siempre va a estar presente. Y siempre va a estar presente por una simple razón: El Gran Procrastinador es nuestro mejor maestro para aprender a vivir. Porque es quien nos enfrenta permanentemente para ser la versión más mediocre de nosotros mismos. Y de ese modo, nos da la posibilidad de desafiarlo y forjar así nuestro caracter buscando nuestra mejor versión. Mejorar y evolucionar.

Si en cambio lo dejamos entrar en nuestra vida, a sus anchas, los golpes serán cada vez más y más duros. Pero eso sí, aprenderemos, a la corta o a la larga. En esta vida o en otra.

Es por esto que hoy busco ser cada día más libre a través de mi autodisciplina. Si, porque como dice Jocko Willings, «La disciplina nos hace libres». Sólo que ahora, a diferencia de mis antiguos logros en los cuales no tenía una conciencia tan clara y un autoconocimiento como el que tengo hoy, tengo plena conciencia de todo esto.

Y hoy que lo veo con tanta claridad, busco cada día mejorar un poco, superarme en mis distintos ámbitos, acallando cada vez más a ese Gran Procrastinador que llevo dentro, para no volver nunca más a lugares y situaciones que me han dado un tremendo aprendizaje pero al mismo tiempo, mucho dolor.

Como dijo alguna vez algún sabio, es preferible el dolor de la disciplina al dolor del arrepentimiento.

A continuación, les comparto un excelente video del orador Tim Urban, que encontré luego de escribir este artículo. En él explica de manera muy amena el ciclo, las causas y las consecuencias de la procrastinación en nuestras vidas. Vale la pena ver los 14 minutos que dura el video.

Federico Medina
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Competir Para vivir

Hace varios días que vengo dándole vueltas a un pensamiento que finalmente hoy me terminó de cerrar y se resume en la frase del título de este artículo: «Competir para Vivir». ¿A qué me refiero con esta frase, o cómo la interpreto en mi caso? Veamos…

Desde que tengo uso de razón me identifico con ser alguien muy competitivo, en general en todo sentido, en mi trabajo, en el intercambio de opiniones y en otras muchas otras situaciones. Por algo, soy abogado.

Pero a pesar de esto, durante el transcurso de mi vida he ido aprendiendo a regular mi competitividad debido a que muchas veces me trajo problemas, por ejemplo, en mis relaciones de pareja. Competir con una pareja es algo tremendamente desgastante que daña la relación. No lo recomiendo para nada.

Pero, a lo que quiero referirme puntualmente en este artículo, es a mi lado competitivo como atleta y como deportista. Lo bueno del ámbito deportivo es que está destinado a estos fines, además de lo recreativo. Entonces es en este ambiente en el que puedo desplegar libremente toda mi competitividad.

Ahora, aunque antes me obsesionaba competir contra los demás jugadores (del deporte que fuera que practicara), hoy en día ya no siento esa necesidad. Hoy mi pasión y mi obsesión pasa por la competencia conmigo mismo.

Hace ya tanto tiempo que entreno solo que prácticamente no presto la menor atención a quiénes están a mi alrededor entrenando. Esto hace que esa atención esté puesta en mi persona, en lo que estoy haciendo en el momento que estoy entrenando: ya sea levantando pesas, haciendo muscle ups, corriendo, usando el elíptico, la bicicleta o mismo jugando squash (aunque este deporte lo practique con otros).

Enfoque en el entrenamiento

El punto es que disfruto tanto de tener la atención puesta en lo que estoy haciendo al momento de entrenar, que busco cada día hacerlo mejor. Busco mejorar una y otra vez con respecto a mi propio desempeño en mis entrenamientos. Esto me llevó a pensar a fondo el porqué de esta pasión, lo que me llevó a la siguiente conclusión:

Desde que soy chico, amo los deportes y el esfuerzo físico, en sus diferentes formas. He practicado distintas disciplinas y siempre las he disfrutado: he jugado rugby, fútbol, tenis, paddle, golf, bicicleta, ping pong, carreras de 100 metros y muchas otras disciplinas. Es evidente que el deporte y el esfuerzo físico es una manera muy marcada de expresarme. Incluso al hacer algún deporte con cierta regularidad, la mayoría de las veces termino destacándome, ya que además de pasión, tengo bastante habilidad física.

Aquí, jugando Rugby en Primera División

Entonces, a raíz de estos pensamientos, llegué a entender que el deporte y la competitividad, al ser dos aspectos que conviven en mí de manera muy marcada, son prácticamente una extensión de mi persona, son parte de mi esencia y mi personalidad. Y en el entrenamiento y el esfuerzo físico, estos dos aspectos confluyen encontrando su lugar de máxima libertad de expresión.

Es por esto que al dar rienda suelta al desarrollo y esfuerzo físico junto con la competitividad, me siento libre, me siento VIVO. Y también es por esto que hace tanto sentido el título de este artículo, «Competir para Vivir», porque es compitiendo (principalmente conmigo mismo, buscando cada día mejorarme) que me siento más vivo.

Entrenando calistenia

Porque compitiendo deportivamente y físicamente, conmigo mismo, busco mejorar casa día y siento que puedo expresar lo mejor de mi persona, puedo expresar QUIEN REALMENTE SOY. Mi esencia, mi propósito en esta vida. Y es compitiendo en lo deportivo y en lo físico en donde siento que Dios se manifiesta a través mío, pasando entonces a ser mi cuerpo y mi persona, simplemente un medio mediante el cual se manifiesta el universo mismo.

Sé que suena algo esotérico esto que digo, pero es así como lo siento y como lo vivo. Siento cada día una necesidad de entrenar y desarrollarme físicamente que excede mis propios deseos. Es como si fuera un llamado que siento, un llamado que surge en mi interior, en mi conciencia. Y así lo tomo y lo vivo, como algo que debo hacer, como una misión que debo cumplir.

Es difícil de entender para quien no lo vive, así como fue muy difícil de entender para mí mismo, pues me llevó muchos, muchos años tomar conciencia de ésto y aceptarlo. Me costó (y me va a costar aún) muchas renuncias a cosas, personas y situaciones muy queridas. Porque al elegir algo, lo más difícil no es decir que sí a aquello que queremos, sino decir que no a aquello a lo que estamos renunciando. Un tremendo aprendizaje de desapego.

Pero si hay algo que siento cada día más fuerte, es que vale la pena. Vale la pena cada renuncia para vivir el camino, para vivir el proceso, para vivir la misión. Esto, independientemente de si llego algún día o no a un resultado.

Se trata, sin dudas, de una gran expresión de amor. Amor propio, amor a aquello por lo que vinimos a este mundo a vivir esta vida, amor a darlo todo por ese mensaje que tenemos para dar, por esa misión que vinimos a descubrir y lograr, por esa melodía que vinimos a tocar.

Siempre darlo todo

Como bien dijo un filósofo alguna vez…., no lleguemos a nuestra muerte sin haber tocado la música que llevamos dentro.

En definitiva, si yo no compito conmigo mismo desde el punto de vista deportivo y del esfuerzo físico, siento que voy muriendo en vida de a poco. Que me voy marchitando. Por el contrario, si compito conmigo mismo en lo deportivo y desde el esfuerzo físico, me siento cada vez más vivo, y desde ahí, puedo construir para mejor, el resto de los diferentes ámbitos de mi vida.

Y lo que en mi genera esa expresión física y deportiva, en otras personas lo generará la música, la pintura, los números, la poesía, el cine o cualquier otro tipo de actividad o disciplina. Lo determinante aquí es escuchar ese llamado, esa vocación, esa pasión que (quizá) permanece aún adormecida y silenciada dentro de cada persona.

Somos únicos e irrepetibles, y cada uno de nosotros lleva una música dentro, un propósito, una misión en esta vida. No nos privemos de vivir esta expresión, no privemos al mundo de nuestro único mensaje. Tengamos el coraje suficiente para seguir nuestro corazón y competir con nosotros mismos en aquello para lo cual vinimos a este mundo.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

Si te gustó este artículo y te interesa este tipo de contenido sobre liderazgo y desarrollo personal, superación y cómo mejorar la vida en general, a través de mejorar aspectos como la salud y el desarrollo físico, las relaciones interpersonales y la abundancia y prosperidad individual, te invito a que te suscribas al blog dejando tu mail en el siguiente formulario. Muchas gracias!

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Por Qué Comencé a Correr

Toda mi vida tuve la idea de que odiaba correr largas distancias. Desde que soy chico, tuve siempre ese sentimiento. No sé si se debía a que me cansaba rápido, a que respiraba mal y entonces me dolía el bazo, o a un prejuicio que me fui formando con fundamento en esos factores mencionados y otros.

Sin embargo, hace alrededor de un mes, comencé a interiorizarme en el concepto de la evolución personal a través del dolor y del sufrimiento, especialmente en la transformación a través de hacer cosas que uno supuestamente odia o cree que no le gusta hacer.

Este concepto -sumado a mi deseo de bajar el porcentaje de grasa corporal de mi cuerpo- me llevó indefectiblemente a cuestionar mi prejuicio del odio a correr largas distancias. Y con este cuestionamiento vino mi decisión de superarme en ese sentido. Así que, decidí comenzar a correr, sumando esto a mis entrenamientos habituales.

Estaba de vacaciones en una playa paradisíaca de Brasil, así que el contexto ayudó mucho. Así, mi primera corrida fue de 5 kilómetros. Yendo a una velocidad media, no tuve inconvenientes para completar la corrida planificada, ya que en términos generales, me encuentro bien entrenado.

La segunda corrida fue dos días después de la primera, y fue de unos 8 kilómetros. No tuve problemas de aire (tampoco en la primera corrida), al correr a una velocidad media de 6.40 minutos por kilómetro, no me fatigo. Pero comencé a tener dolores fuertes en los gemelos, sobre todo, el gemelo izquierdo. Sin embargo, terminé bien los 8 kilómetros.

La tercera corrida fue dos días después, también de 8 kilómetros. Sin embargo, aquí ya tuve problemas desde que di el primer paso. El gemelo izquierdo me pinchó muy fuerte durante toda la corrida, prácticamente desde que comencé a correr. No quise abandonar ya que justamente, estoy buscando aprender cada vez más EN el sufrimiento. Y vaya que sufrí corriendo esos malditos 8 kilómetros!

Pero esta corrida durante 8 kilómetros con el gemelo contracturado, me costó cara: tuve que parar de correr por diez días para recuperarme y poder volver a correr.

Dejo en claro que durante esos diez días nunca dejé de entrenar: habitualmente entreno musculación todos los días y además juego squash una o dos veces por semana. En este caso, dada la situación, cambié la corrida por el elíptico y la bicicleta, para de esta forma evitar el impacto en los gemelos sin dejar de hacer ejercicio cardiovascular. Y así, continué entrenando.

Dos días atrás salí a correr de nuevo, retomando la corrida. La premisa: correr la distancia que pudiera, si era 1 kilómetro, bien, si eran 5 u 8 kilometros, bien también. Para mi sorpresa, pude correr 11 kilómetros y 380 metros, sin ningún gran dolor. Sin embargo terminé con los gemelos muy cargados por lo que voy a darme unos días de descanso del running y continuar mis entrenamientos de musculación y cardio habituales.

Corrida de 11 km y 380 mts

Lo más importante de todo esto, es que pude encontrar en la corrida, un nuevo desafío personal, una actividad que -como la musculación, el squash y las otras disciplinas-, requiere dedicación y constancia. Y todo eso es algo que hoy en día busco aplicar a todo lo que hago y al mismo tiempo, lo disfruto mucho.

Mi idea es seguir corriendo y hacer la media maratón (21 kilómetros) antes de mitad de año y la maratón (42 kilómetros) antes de fin de año o quizá para el 2021. Aún no lo sé, pues no tengo ningún apuro. Sin embargo, para poder lograr esto es necesario seguir entrenando todas las semanas, seguir acostumbrando el cuerpo, y aprender a alternar trabajo con descanso para que el cuerpo responda bien.

Una vez más, lo que voy descubriendo y confirmando en cada disciplina que encaro, es que el aspecto mental y espiritual a la hora de practicarla, es mucho más determinante que al aspecto físico. La mente siempre domina al cuerpo, ya sea para bien o para mal.

Tanto si nos dejamos llevar por la pereza y la desidia para entrenarnos, para comer y para llevar una vida saludable en general, como si elegimos guiarnos por la constancia, la disciplina y el trabajo duro para esas mismas cosas, en ambos casos, el cuerpo seguirá a la mente.

La gran diferencia estará en quiénes nos estamos convirtiendo en el primer caso, y en quiénes en el segundo. Está en cada uno la decisión de vivir buscando la mejor versión física, mental y espiritual de uno mismo o la otra, la fácil, la complaciente, la que al final siempre nos deja un sabor amargo….

Federico Medina
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