El Viaje del Héroe

Son las 5 am de un día cualquiera y me encuentro reflexionando sobre mi vida. Puntualmente sobre mi pasado, desde donde comencé este camino -hace ya más de 15 años- en el que me encuentro actualmente y sobre todo lo que tuve que atravesar para estar hoy donde estoy y sentirme hoy como me siento respecto de mímismo: con orgullo y tranquilidad. No es la primera vez en estos días que pienso respecto de todo esto.

Al encontrarme reflexionando, cada vez veo más claro algo que se me fue revelando, primero de a poco y luego más fuerte: El Camino del Héroe o Viaje del Héroe. Porque de alguna forma puedo decir que siento que me encuentro viviendo este viaje, independientemente del destino al que llegue, si es que alguna vez llego a algún lado en esta vida, y si es que existe en esta vida algún destino al cual llegar. En lo personal, me es indistinto. Amo quien estoy siendo y en quien me estoy convirtiendo, amo mi vida y amo mi camino.

En fin, este «Viaje del Héroe» (también llamado «Monomito») fue un concepto desarrollado por el antropólogo Joseph Campbell, y básicamente lo que explica es que todo héroe que termina siendo tal, debe forzosamente hacer un viaje, recorrer un camino de transformación interna. Algunos ejemplos de este viaje han sido: Jesucristo, Buda, Ulises, Eneas, Dante, el Hijo Pródigo en su parábola, el Quijote, el Alquimista, Rocky Balboa, Luke Skywalker, Batman o cualquier protagonista que vemos actualmente en las películas o historias de Hollywood; o mismo en la realidad histórica y actual, casos de personas admirables en sus vidas como Beethoven, Van Gogh, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Abraham Lincoln, Viktor Frankl, Ghandi, Martin Luther King, Madre Teresa y otros.

En este viaje, se dan ciertos parámetros y características comunes a todo héroe y su historia, que valen la pena analizar: en primer lugar, el protagonista se encuentra llevando una vida cotidiana que no lo termina de satisfacer, es decir, comienza a sentir dentro suyo una inquietud, un llamado, un ansia de aventura, una voz interior que le dice que hay mucho más ahí afuera que lo que está viviendo en ese momento y que, por lo tanto, debe salir de esa situación de insatisfacción en la que se encuentra, si quiere mejorar, evolucionar, sentirse pleno o vivir su sueño. Esta vida cotidiana, no es más que la famosa «zona de confort», ya que es un lugar cómodo, conocido pero al mismo tiempo, chato e insuficiente para él.

El Viaje del Héroe

Sin embargo, a pesar de este llamado, el protagonista la mayoría de las veces se resiste, pues no resulta para nada sencillo abandonar lo conocido en pos del cambio, de la incertidumbre y de los riesgos del posible sufrimiento y dolor.

En efecto, la gran mayoría de las personas nunca dan ese primer paso que es responder afirmativamente con acciones a ese llamado. La mayoría de la gente vive la vida que de alguna forma le ha sido diseñada por terceros, y nunca va a saber realmente lo que implica seguir y vivir ese camino.

Sin embargo el héroe supera ese miedo paralizante y toma la decisión finalmente, de comenzar el viaje. Es así que entonces este héroe, se lanza a la aventura (sea esta la que sea) iniciando un viaje interno que se manifiesta en acciones externas y que sólo él puede entender (o incluso, muchas veces ni él mismo lo entiende siguiendo simplemente su intuición). Toda la gente que lo rodea, sus conocidos y la gente de su entorno, no pueden entenderlo llegando muchas veces a burlarse de sus sueños, sus ideas, su situación. El héroe ahora está solo y sufre la incomprensión de su entorno. Entonces comienza su dolor, su sufrimiento, su camino.

Don Quijote de La Mancha

Sin embargo, el protagonista elige seguir esa llamada interna, esa voz que le dice «salgamos de aquí para buscar eso que tanto deseas». En las historias antiguas, este llamado estaba representado por los dioses, por Dios mismo (la zarza ardiente en el caso de Moisés, por ejemplo), la iluminación (Buda), y demás expresiones sobrenaturales. La realidad es que el héroe decide escuchar esa voz interna para seguirla, aún sin tener ningún tipo de certeza del camino que va a recorrer y sobre todo, del destino al que arribará (o no). La única certeza es ponerse en movimiento.

Durante esta travesía (interna y externa), el protagonista enfrentará muchos obstáculos, problemas, desafíos, sufrimiento y dolor, pero principalmente se enfrentará a sí mismo al enfrentarse a dichos obstáculos. Es en esos momentos donde el protagonista comienza a conocerse realmente a sí mismo y a forjar su carácter; a convertirse en héroe. Es ese atravesar el fuego lo que convierte al barro en vasija. No hay otro camino posible para este personaje.

Por último, si el héroe logra atravesar todos los problemas y obstáculos enfrentados, tiene la posibilidad de volver a aquel lugar en el que todo comenzó, volver a aquello que en otro momento fuera ordinario y cotidiano, pero desde otro lugar interno, ahora vuelve transformado. Ese protagonista ya no es el mismo que salió tiempo atrás a vivir las aventuras, tampoco es el mismo que vivía ordinariamente tranquilo pero inquieto interiormente. Este protagonista es ahora otra persona. Y es desde este lugar desde donde puede mirar, admirar y apreciar las cosas de otra manera, y así poder ayudar a las demás personas con base en su propia experiencia.

Un ejemplo claro de este viaje, es la parábola del Hijo Pródigo en la cual el protagonista reniega de su situación de lujos y comodidad y sale a vivir la vida, dilapidando todo su dinero que había heredado en vida de su padre, terminando luego de sus excesos, sufriendo terribles carencias económicas y morales. Pero fueron esas carencias y problemas, fue vivir esa miseria lo que transformó su interior para decidir volver a la casa de su Padre, pedir perdón y apreciar, ahora sí, aquello que él antes ya tenía y vivía sin conciencia.

Cualquier persona normal podría preguntarse, pero entonces, para qué se fue, si ya tenía todo? La respuesta es muy clara y contundente: se fue para transformarse. Porque sin esa transformación necesaria, nunca habría podido volver a apreciar todo eso que ya tenía.

Llevando esto a nuestra propia vida, la realidad es que cada uno de nosotros puede ser ese protagonista, puede ser ese héroe. Todos nosotros tenemos un héroe dentro. Pero la gran cuestión aquí, radica en si emprendemos o no emprendemos ese viaje. Si escuchamos o no escuchamos esa voz que llevamos dentro, esa inquietud, esa intuición que tenemos todos que nos invita a salir de nuestra cotidianidad, de nuestra zona de confort, de nuestra comodidad.

Sin embargo, como dije, la mayoría de las personas elige día a día, quedarse en ese lugar de comodidad, en eso cotidiano y conocido que nos duerme y nos mantiene somnolientos como si fuera una morfina que no nos deja despertar. Vivimos en una era donde todo es cada vez más confortable, cada vez más cómodo, cada vez más placentero. Desde la comida que se nos ofrece, el transporte, la comunicación y la tecnología en general que busca cada vez más facilitar todo para las personas, hasta el punto de no tener que movernos ni siquiera para adquirir cualquier bien o servicio que queramos, en tan sólo unos minutos a un clic de distancia.

Y es así que esta era, esta actual sociedad en la que vivimos, ha dejado de lado lo más importante de todo, que es lo que suelo decir en este espacio: la importancia del proceso, justamente, del viaje (del héroe). Porque es este viaje el que nos va a convertir en mejores personas, el que nos va a hacer evolucionar.

Porque no sabemos quienes realmente somos hasta tanto no nos enfrentamos con nuestros peores dolores, nuestros mayores sufrimientos y nuestras más oscuras sombras. Y la manera de enfrentar todo esto, la manera de conocernos realmente a nosotros mismos, es emprender este viaje del héroe, es salir de una buena vez de la zona de confort para vivir esas aventuras que tanto soñamos desde niños.

Esta sociedad actual solamente busca y promete con su maquinaria marketinera los resultados rápidos, sin el proceso: cómo bajar 15 kilos en 1 mes, cómo hacerte millonario en 6 meses, cómo encontrar al amor de tu vida sin sufrir, cómo encontrar tu paz interior en 5 sesiones, cómo fluir en la vida y lograr todo lo que quieras sin esfuerzo, etcétera, etcétera. Nada de dolor, nada de problemas, nada de obstáculos ni sufrimiento. Puras mentiras y mierda para las moscas.

Y esto lo sé en primera persona porque durante mucho tiempo de mi vida busqué atajos, hacks, secretos y fórmulas mágicas para lograr las cosas. Hasta que me di cuenta que ese camino sólo traía más vacío, y que en realidad, los resultados, el éxito no es lo más importante, sino que es una mera y natural consecuencia de la transformación y el desarrollo personal.

No hay resultados sin sacrificio, no hay evolución sin dolor. No hay auto conocimiento sin problemas, sin desafíos, sin obstáculos que nos hagan sacar lo mejor de nosotros mismos para superarlos. La sabiduría se trata de aplicar el conocimiento, se trata de obtener aprendizaje a través de la experiencia, a través del dolor, de caerse y levantarse una y otra y otra y mil veces, hasta aprender.

Quien no experimentó lo que es ser padre, no puede saber lo que esto significa. Quien no ha vivido una quiebra económica, no sabe lo que es pasar este tipo de carencia y nunca va a poder apreciar la abundancia como sí lo hace quien lo vivió. Quien nunca ha sufrido de un corazón roto, no sabe lo que significa realmente amar. Porque para amar hace falta abrir el corazón con el gran riesgo de que nos lo rompan en mil pedazos.

Y la vida, al menos esta vida, se vive una sola vez. No hay segundas chances. Entonces, busquemos escuchar esa voz interna que nos quiere ayudar a ser lo mejor que podemos ser, salgamos de esa vida mediocre, cotidiana, amorfinada y somnolienta que vivimos para internarnos en esos sueños que tenemos dentro. Vivamos de una buena vez como protagonistas de nuestra propia vida, como los verdaderos héroes que podemos ser y dejemos el resultado en manos de Dios, sabiendo que lo más importante de todo, es en quiénes nos convertimos por recorrer ese Viaje del Héroe.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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Algo Es Mejor Que Nada

Cuando comencé a cambiar mi cuerpo, mi salud y mi estado físico, hace ya más de cinco años, tuve el tino de pensar y analizar lo que iba haciendo y sobre todo, como me iba sintiendo. Esto me sirvió para ser inteligente y/o voluntarioso cuando hacia falta. Me hizo ser estratega.

Me di cuenta que mis estados de ánimo y emociones respecto de entrenar y comer saludable, variaban. Que había días que tenía mucha energía y predisposición para hacer lo que tenía que hacer y que habían otros días en los que realmente, no tenía nada de ganas de entrenar o que simplemente no quería comer sano.

Los Primeros 3 meses de cambios

Pero en ese comienzo de cambio de vida había algo que tenía muy claro: no quería abandonar. Y esto lo tenía claro porque justamente, habían sido muchas las veces en las que había abandonado mis «proyectos», fueran estos los que fueran. Y estos abandonos, estos fracasos, dolieron y mucho.

Entonces, tenía que encontrar una manera de superar esos días de desmotivación y falta de ganas. Tenía que ganarle a mi lado oscuro, a esa voz condescendiente que suavemente te justifica acariciandote y diciéndote: «no te preocupes, si no entrenás igual está bien. Ya entrenarás mañana…» o «Comete esa pizza que tanto querés, no pasa nada, igual estás bien».

Nuestra Voz Condescendiente

Esa maldita voz condescendiente e incansable que siempre está presente para justificar nuestra desidia. Nuestros fallos, nuestros pecados, haciéndolos quedar como algo bueno. Total…. «Si todos son iguales… Todos hacen lo mismo». Mal de muchos, consuelo de tontos.

Entonces encontré una herramienta, un principio, un salvavidas para esos días en los que la mayoría de la gente se hunde y abandona sus sueños. Ese principio es el siguiente: ALGO ES MEJOR QUE NADA.

Así es. Algo es mejor que nada. Entonces, para esos días de desmotivación y falta de ganas, lo que hacía era decirme a mí mismo: «bueno, hoy realmente no tengo ganas de entrenar ni comer sano, pero algo es mejor que nada, así que vamos a hacer una rutina de 10 minutos, o de 5, o 50 flexiones de brazos», y así lo hacía.

Y lo más increíble de esto, es que muchas veces, terminaba entrenando normalmente, es decir, como un día en el que me sentía motivado. O sea, el apenas accionar un poco, me llevaba automáticamente a auto motivarme, lo que me llevó a concluir que el sentir, sigue a la acción.

Además, lo que me dio ese principio, es la sensación del deber cumplido. En efecto, cada vez que terminaba de hacer una pequeña rutina esos días de desmotivación, sentía que había cumplido con mi deber, lo cual me hacía sentir muy bien conmigo mismo.

El Deber Cumplido

De este modo es que pude sostener todos estos años, mi entrenamiento y mi alimentación y demás hábitos saludables. No fue magia, ni tampoco talento ni nada por el estilo. Fue principalmente vencer mi sombra, mi lado oscuro que siempre está presente para tentarnos de manera complaciente, suave y tierna como una madre sobreprotectora.

El problema es que esa sobreprotección termina haciéndole muy mal a un hijo. Lo mismo que hacerle caso a esa voz condescendiente que todos llevamos dentro.

Y es este principio que sigo aplicando cada día que me siento desmotivado o con falta de ganas. Porque ese lado oscuro que todos tenemos, no descansa, no se toma vacaciones ni renuncia nunca. Pero eso sí, esa voz se va haciendo cada vez más pequeña y vamos adquiriendo cada vez más capacidad de acallarla más rápido.

No hay grandes secretos ni formulas mágicas. Se trata simplemente de hacer lo que hay que hacer, tengamos o no ganas de hacerlo. Por eso, nunca lo olvides, siempre algo es mejor que nada.

Y aunque te caigas, levántate y sigue en el camino, no abandones, porque al final de eso trata superarnos: arremeter, cometer errores, caerse, golpearse, sufrir el dolor, sanarlo y volver a arremeter. Y así sucesivamente hasta que nos vayamos de esta vida.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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Nunca es Tarde Para Perseguir tu Sueño

Una de las excusas que más se escucha entre la gente de mi generación es sin dudas la de la edad: «Ya estoy viejo para esto…», «No estoy en edad para…», «Ya es muy tarde para mí para comenzar a …».

Excusas y más excusas que lo único que buscan ocultar es el MIEDO. Mientras la mayoría de la gente posterga sus sueños y deja que el tiempo continúe pasando sin hacer nada por ellos, hay ahí afuera un mínimo porcentaje de gente que se anima a pelear día a día por conquistar sus propios sueños, sin pensar en la edad.

Como aquella madre de familia que a los cuarenta y tantos años decide comenzar a estudiar abogacía (este fue un caso del que fui testigo directo) y recibirse para luego ejercer la profesión; o aquel otro hombre que posterga su profesión de abogado para ir a escalar altas montañas, llegando incluso a morir en una de sus escaladas, a los cincuenta y tantos años (otro caso del que tengo directo conocimiento).

Y sin embargo, mucha gente dice que ya no está en edad para seguir sus sueños….

Qué mueve a esta madre o a este abogado en su edad madura a hacer lo que hacen? Sin lugar a dudas tienen una pasión por ello que trasciende el tiempo. Pero no es la pasión, sino lo que genera esa pasion: el sueño.

Es que los sueños no conocen del tiempo, los sueños son eternos, y tanto si vamos por ellos o no, nos van a perseguir toda la vida. Aunque sin dudas es mucho peor la carga de un sueño no perseguido por cobardía que el de uno perseguido y no alcanzado.

En lo personal, tengo 43 años y creo fervientemente que no hay edad para realizar los sueños. No sé si llegaré a lograr mis metas en esta vida, al menos las más desafiantes, pero sí sé que si no llego, moriré intentándolo. Y eso para mí es más que suficiente, porque simplemente amo vivir persiguiendo mis sueños.

Porque vivir buscando realizar tu sueño, te da un propósito de vida muy claro, te da un Gran Motivo para vivir día a día. Te da una alegría interna que supera los malos momentos y las dificultades.

El poder vivir persiguiendo los sueños le da sentido a la propia vida, y eso es algo que no tiene límite de edad, porque no hay limite de edad para ser feliz y realizarse como persona.

Esto me recuerda la historia de Vincent Papale, un norteamericano que logró jugar en la NFL (National Football League) la mayor Liga Norteamericana de fútbol americano a la edad de 30 años. Demás está decir que para un jugador de fútbol americano profesional, esa edad para iniciar es prácticamente la de un veterano.

Vincent Papale

Vince era un fanático del fútbol americano y deportista amateur toda su vida; a los 30 años, jugaba fútbol con sus amigos algunas veces por semana, en un parque de la ciudad de Filadelfia. Vivía de su empleo y su esposa lo acababa de abandonar, cuando el equipo de la NFL Eagles de Filadelfia, abrió las prácticas para buscar talentos debido al mal rendimiento que la escuadra venía teniendo.

Papale sin pensarlo demasiado, se presentó a esas prácticas y sorprendió al cuerpo técnico del equipo principalmente con su velocidad para recibir el balón. Fue así que lo eligieron entre todos los postulantes y terminó jugando 3 temporadas en la NFL hasta la edad de 33 años. Esto, sin mencionar que cambió su vida desde lo economico y en muchos otros aspectos.

Suerte? Destino? Casualidad? Quizá algo de eso hubo, pero no hubiera tenido incidencia si Papale no hubiera tenido el «loco» sueño de jugar en la NFL a los 30 años de edad y no hubiera estado lo suficientemente preparado y entrenado para superar esas prácticas. Por eso dicen que la suerte existe cuando la preparación se cruza con la oportunidad.

Ray Kroc, creador de Mc Donald’s creo su imperio a la edad de 60 años, y Abraham Lincoln comenzó a vivir su vida como líder político a los 40 años de edad. Y no es que estas personas fueran seres superiores a cualquiera de nosotros. No. Es que tuvieron la capacidad de seguir sus sueños más allá de cualquier obstáculo, con una absoluta convicción y una férrea voluntad.

Ray Kroc
Abraham Lincoln

Y es que sólo el compromiso y la decisión férrea de seguir un sueño enciende nuestra llama interior de esa manera como para poder obtener las fuerzas suficientes para superar cualquier obstáculo.

Porque según dicen por ahí, la consecución de un sueño no es más que Dios que se expresa a través de nosotros, los mensajeros del sueño de Dios.

Por eso, como dice Will Smith en el film En Busca de la Felicidad, si tienes un sueño, cuídalo, ve por él y punto. No permitas que nadie te diga si puedes o no lograr tu sueño.

Federico Medina

Soltar el Resultado y Abrazar el Proceso

Cómo perder 10 kilos en un mes? Cómo hacerse rico sin perder dinero? Cómo encontrar al amor de tu vida sin terminar con el corazón roto? Cómo ganar dinero durmiendo? Cómo… cómo… cómo????

La inmensa mayoría de nosotros, tendemos a hacernos este tipo de preguntas o al menos a tener este esquema mental en el cual QUEREMOS LOS RESULTADOS (y rápido) sin sufrimiento, sin invertir esfuerzo y tiempo, y sobre todo, sin cambiar quienes somos. Decimos no creer en los cuentos de hadas, pero desesperadamente deseamos que sean reales. Insistimos una y otra vez en la fórmula mágica.

Señores, cuántas veces hay que decirlo? Para ser mejores, para evolucionar, para tener algún día resultados, NO HAY ATAJOS, NO HAY FORMULA MAGICA. Si queremos ser mejores personas, tenemos que pasar por el proceso de cambio, necesitamos pasar por la incomodidad y el dolor.

No Hay Fórmula Mágica

Si queremos hacernos ricos de manera honesta, necesitamos atravesar el proceso de aprendizaje que eso implica: invertir dinero, tiempo y energía en el aprendizaje. Ahorrar, aprender a vender y producir. Entender que indefectiblemente perderemos dinero, muchos negocios saldrán mal y deberemos levantarnos una y otra vez hasta hacernos expertos en la ciencia de la riqueza.

Si queremos transformar nuestro cuerpo y nuestra salud, deberemos dejar de comer basura, dejar de estar tirados viendo Netflix, dejar de salir todas las noche e intoxicarnos de alcohol, levantar el maldito culo del sillón y empezar a mover los músculos, comer saludable y descansar hasta someter al cuerpo para que empiece a cambiar su forma.

Si queremos encontrar al amor de nuestra vida, debemos dejar de creer en el príncipe azul o la princesa encantada que viene a salvarnos y empezar a mirarnos en el espejo un poco, a identificar nuestras sombras, nuestro mal genio, nuestra pésima manera de relacionarnos con los demás. Comenzar a trabajar en nosotros mismos, nuestras emociones, nuestro carácter y ser una persona amable, es decir alguien que sea digno de ser amado.

Para todo esto, resulta necesario comprometerse de tal forma con nuestra transformación, con nuestra evolución, con nuestra mejora, que lleguemos al punto de lograr que esa transformación sea más importante que el resultado en sí. Es preciso obsesionarse (sí, obsesionarse) con ese proceso para que el resultado solo sea una consecuencia lógica de ese proceso y no una necesidad.

De este modo, nos encontraremos un buen día amando tanto el proceso de transformación, que ya estará en nuestra naturaleza y buscaremos la incomodidad y salirnos de la zona de confort de manera constante. Esto, en definitiva es lo que más nos hará evolucionar como personas. Es lo que los japoneses llaman el «kaizen» o «mejora continua».

Kaizen: Mejora Continua

Y cuando la mejora continua se transforma en el resultado mismo, en la meta, entonces todo cobra otro sentido en la vida. Ya no hay ansiedad por el resultado futuro ni preocupación; tampoco hay culpa por el pasado, sino sólo responsabilidad y uso del pasado para aprender. De este modo aprendemos a viajar comprometidos pero livianos por la vida, sin cargas emocionales innecesarias, con pasión y con el corazón lleno.

En definitiva, sólo cuando tenemos el corazón lleno por aceptarnos y amarnos a nosotros mismos, no de modo egoísta, sino con orgullo, es entonces cuando disponemos de la capacidad para lograr cualquier cosa que queramos en la vida: una relación sana y feliz, un cuerpo y una salud plena, o riqueza y abundancia financiera.

Pero nunca debemos olvidar que ese proceso de aprendizaje, ese camino, nunca termina. Es permanente. No existe ese «cuando sea rico me tiraré a descansar» o «cuando baje de peso comeré lo que quiera al fin». No. Ese camino es la vida misma, y es necesario incomodarse, romperse y volver a hacerse a uno mismo de manera constante, permanente, para de este modo seguir creciendo y cambiando cada vez más.

Pues la vida es cambio y crecimiento. Si el agua no fluye y se estanca, simplemente se pudre. Si la persona no se rompe, no cambia y evoluciona, simplemente se entumece, envejece y muere.

Relaciones Tóxicas: Quién Puede Tirar la Primera Piedra?

Como lo vengo diciendo en otros artículos, hoy está de moda hablar de la toxicidad de las personas; como si hubieran personas tóxicas y personas sanas en esta vida. Por supuesto, como siempre la polaridad y la invención de un enemigo (el tóxico) y el héroe (el sano), vende. Pero no es lo que nos da soluciones reales para el día a día. Sobre todo si la supuesta persona tóxica es mi pareja o peor aún, mi hijo.

Se nos vende que los tóxicos son siempre los demás, los otros, y que debemos alejarnos de ellos lo antes posible. Ahora, ¿qué tan cierto es esto?

¿Quién de nosotros se encuentra en tan privilegiada posición de poder decir «tal persona es tóxica»?. La respuesta como muchas otras veces, se encuentra en el libro más vendido de la historia pero seguramente, de los menos leídos de hoy en día. En la Biblia. «Quien esté libre de pecado, que arroje la primera puedra», nos dice Jesús. Y poco a poco las personas se fueron alejando, comenzando por los más viejos….

«Quien esté libre de pecado, que arroje la primera piedra»

En efecto, la realidad nos demuestra día a día que todos, sin excepción, somos tóxicos y somos sanos. Lo único que varía es la medida de nuestra toxicidad y de nuestra sanidad. Por eso Jesús buscó a los pecadores y condenó a los Fariseos, personas que se autoproclamaban santos, dueños y custodios de la verdad aunque en realidad eran tan pecadores como cualquiera.

Sin embargo, lo irónico de esta vida, es que si queremos evolucionar como personas, es clave también experienciar el ser tóxicos (o pecadores), ya que es desde esta toxicidad propia que podremos aprender.

La toxicidad, el pecado, la sombra, es el GRAN MAESTRO de nuestra vida. Los comportamientos tóxicos de nuestra vida, nos llevan tarde o temprano al dolor, al sufrimiento; y es atravesando el crisol de este sufrimiento que saldremos convertidos en una nueva persona.

El barro se romperá para convertirse en vasija. Pero para esto deberá romperse, deshacerse, pasar por el agua y el fuego. Un proceso doloroso de transformación que si uno verdaderamente quiere transformar su barro en vasija, deberá sí o sí atravesar. Y no todo barro se convierte en vasija…

Por eso es importante aprender del dolor y del sufrimiento, porque resulta muy duro permanecer en la toxicidad, en el pecado. El dolor se hace insoportable. Y la actitud de Jesús no implica una vía libre hacia la toxicidad y el pecado. De hecho se encarga de dejarlo en claro: cuando se van quienes querían apedrear a María Magdalena, Jesús se dirige a ella y le dice: «Mujer, nadie te ha juzgado, ve en paz y no peques más».

Es por esto que antes de señalar a alguien con el dedo diciendo que es tóxico, debemos ver esa misma sombra en nosotros. Primero debemos resolver nuestra propia toxicidad, debemos hundirnos en nuestra sombra, en nuestra «noche oscura del alma».

Por esto es que Jesús abraza la cruz, la acepta, se carga todos los pecados del mundo, según se dice. Por esto San Juan de la Cruz agradece a la Noche Oscura del Alma. Porque el pecado, la sombra, la toxicidad, no es nuestro enemigo sino por el contrario, es nuestro maestro. Duro, sí. Doloroso, sí. Implacable, sí. Pero por todo esto, el maestro más eficiente que existe.

Jesús abraza la Cruz

Entonces, dejemos de mirar tanto «la paja en el ojo ajeno» para comenzar a ver «la viga en el ojo propio». Comencemos a ver nuestra propia toxicidad, nuestra propia sombra, nuestros pecados, para poder aceptarlos, aprender y así cambiar. Y desde ese lugar vamos a poder comprender a las demás personas en su toxicidad sin juzgarlos de manera negativa. Sin ser «Fariseos».

De este modo, vamos a lograr dos cosas fundamentales para nuestra mejora personal: primero, vamos a ir transformando nuestro carácter y adquiriendo nuevos y buenos hábitos como la compasión, la aceptación y el perdón. Y en segundo lugar vamos a poder aceptar y convivir con esas personas que sabemos que no podemos limpiar de nuestra vida de «un plumazo».

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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Por Qué Buscar Tu Mejor Versión Física: Lo Que No Se Ve

Hace exactamente 5 años y 5 días, me proponía cambiar mi cuerpo y mi salud. El 31 de diciembre de 2014, decidí cambiar mi físico, y como consecuencia no sólo cambió mi cuerpo sino que cambió mi persona, cambió mi vida. Y sigue cambiando…

Al buscar mi mejor versión física, mi mejor versión corporal, sin saberlo comencé a encontrarme con mi mejor versión como persona.

¿Por qué sin saberlo? Porque la verdad es que no tenía idea que para lograr un cuerpo y una salud excepcionales, había que transformarse en una persona excepcional.

Y al decir esto no me refiero a ser mejor que los demás. Simplemente no me comparo con las demás personas sino que mi comparación es conmigo mismo. Con quien era antes de comenzar este camino de transformación que comencé hace 5 años y que durará toda mi vida.

Transformación Física

Cambié como persona porque para poder buscar mi mejor versión física y corporal (cuerpo y salud) tuve (y tengo) que desarrollar aspectos de mi persona que sinceramente, no estaba acostumbrado a hacer de manera regular y consciente. Tuve que aprender a desarrollar hábitos y virtudes que sólo había desarrollado en mi vida unas pocas veces en casos puntuales y no del modo que los estoy desarrollando actualmente. O sea, no a este nivel.

Me refiero a hábitos como la autodisciplina, la constancia, la fortaleza mental, la paciencia, entre otros. Ya que en mi caso, desde que inicié este camino hace cinco años, lo hago solo, sin ningún entrenador ni compañeros de entrenamiento ni equipo de trabajo ni nada externo que me fuerce a cumplir con mi compromiso de entrenar, comer saludable, descansar y llevar una vida sana en general.

Cabe aclarar que sigo a grandes referentes del fitness y del wellness; pero más importante aún, son los referentes en el desarrollo personal de quienes busco aprender conceptos e ideas para ir implementando en mi vida, ya que llevar una vida saludable logrando un cuerpo y una salud excepcional, es más un tema mental y espiritual que físico.

Sin embargo, con ninguno de estos mentores tengo ningún tipo de compromiso y si hay algo de lo que voy tomando conciencia, es que mi aprendizaje está cada vez más en mi propia mente. En esos momentos que comienzo a llevar el cuerpo al límite y mi mente quiere frenar por temor al dolor, al sufrimiento físico (o emocional). Es en esos momentos donde el aprendizaje comienza: dejar de escuchar ese lado instintivo de la mente para forzarme a seguir adelante y dar más, mucho más de lo que creo que puedo dar.

Por otro lado, ni siquiera cuando jugaba rugby en primera división tenía el nivel de compromiso que tengo actualmente con el entrenamiento y la vida saludable. Pues en aquel tiempo, yo formaba parte de un equipo y si uno quería jugar en las categorías más altas, estaba obligado a asistir a los entrenamientos. Por supuesto que había una buena medida de disciplina y auto motivación, pues de no ser así, hubiera sido puro masoquismo. Pero esa disciplina y motivación era algo que venía desde afuera, desde los entrenadores y buscaba ser transmitido a los jugadores. Por eso, ese compromiso nunca llegó a ser igual de profundo que el que tengo actualmente con mi estilo de vida. En ese entonces no tenía la experiencia y la capacidad de aprendizaje que tengo hoy.

Jugando Rugby en Primera División. Nota del diario Olé.

Lo mismo puedo decir de mi carrera universitaria: mi compromiso en aquel entonces no fue del todo interno mío, sino que también me movían factores externos, como mi creencia adquirida o programada de que si quería ser alguien en la vida necesitaba de un título profesional, o que para ganar dinero era necesario estudiar una carrera universitaria de las tradicionales, o que la vida simplemente era algo que debía transcurrir de manera lineal: terminar el colegio, estudiar una carrera universitaria, casarse, tener hijos, comprar una casa, auto, etc. y como consecuencia de todo eso, ser feliz. Entonces, el título universitario era una de las piezas del rompecabezas de la felicidad.

Pues bien, nada más errado que esos conceptos. No por los conceptos en sí, sino porque no eran «mis» conceptos. Luego de más de 15 años de experiencias muy variadas, como cambios de trabajos, empleos, hijos, un divorcio, separaciones de pareja, relaciones tóxicas, fallecimientos de gente conocida, quiebras financieras y demás cosas que han traído aparejado mucho dolor y alegría, pero sobre todo también mucho aprendizaje, hoy puedo decir que mi autodisciplina surge del profundo amor y compromiso que siento hacia lo que hago con mi salud y mi cuerpo. No hay nada externo que influya directamente en mi compromiso hacia mi propósito de salud: lograr mi mejor versión física y mental actual.

Aprender de las experiencias, sobre todo de los constantes fracasos que he tenido y tengo en mi vida, es lo que me hace no tener mucha opción: o mejoro o sigo fracasando y sufriendo cada vez más a costa de más dolor. Y ante esta opción, termino aprendiendo y por ende, mejorando cada día un poco más.

Es decir, no aprendo por ser sabio ni tener un coeficiente intelectual superior a nadie. No, aprendo porque quiero ser mejor que lo que fui ayer. Aunque a veces me lleve más tiempo del necesario, porque soy humano, porque caigo y me levanto, una y otra y otra vez. En mi caso, no es una carrera, no me corre nadie, ni siquiera el tiempo, por eso me tomo mi aprendizaje con calma, y de ese modo busco disfrutar el viaje lo máximo posible.

Y aquí es donde aparece otra gran virtud que -luego de varios golpes- aprendí a forjar: la paciencia. Aprendí a través de mi entrenamiento, de la nutrición sana, del descanso y de la vida saludable en general, que el tiempo trabaja a nuestro favor, si lo dejamos trabajar. Si no buscamos forzar las cosas, el tiempo (junto con el trabajo, por supuesto) nos trae los resultados, sobre todo, si no estamos pendientes de esos resultados.

La paciencia ayuda a disfrutar el camino sin estar mirando la llegada. Nos mantiene enfocados con la atención en lo que debemos hacer AHORA, a cada momento, sin volvernos locos ni desesperarnos por los resultados. Es así como la paciencia nos ayuda a permanecer en el presente al punto de comenzar a amar ese momento presente, porque técnicamente es lo único que tenemos: el pasado ya pasó y no existe, y el futuro no llegó, no está aquí, por ende, tampoco existe. Es así que lo único que hay es el momento presente.

Esto me lleva a otra virtud que el estilo de vida saludable me ha dado: la capacidad de vivir el momento presente, de enfocarme al máximo. Esto es algo que vivo de manera muy marcada mientras entreno principalmente e incluso mientras juego squash. En esos momentos, tengo la plena concentración y atención puesta en lo que estoy haciendo. Ya sea levantando una mancuerna, una barra, haciendo dominadas o jugando un agotador punto de squash. Es indistinto, la atención está completamente en ese momento.

Enfocado en el momento presente

Lo mismo busco hacer con la alimentación: al momento de comer, busco concentrarme en los alimentos que voy a ingerir, sin distraerme en otras cosas. Confieso que este aspecto me resulta menos natural que el entrenamiento, por lo que estoy trabajando en ello. A veces lo logro más que otras, pero nuevamente, lo importante es que de a poco lo voy haciendo cada vez mejor.

El compromiso con un estilo de vida saludable y con la constante búsqueda de mi mejor forma física me ha dado también el desarrollo de la virtud de la constancia, ya que desde que comencé este camino, nunca paré. Por más que hayan habido días en los que no pude entrenar por causas de fuerza mayor, el camino y el propósito siempre está claro, y es por eso que siempre sigo adelante. Es un estilo de vida, no es un programa de entrenamiento ni tampoco una dieta. Es LA FORMA DE MI VIDA.

Es por esto que las dietas y los programas temporales de entrenamiento no funcionan. Porque no implican un cambio profundo en la manera de ver la vida, en la manera de vivir. Y todos los que han logrado un cuerpo y un estado físico excepcional coinciden en lo mismo: es un estilo de vida.

En definitiva y concluyendo, no escribo este artículo para mandarme la parte, ni para pavonearme de tener un buen cuerpo. No, hace tiempo que no busco la aprobación de los demás para hacer lo que quiero. Lo hago porque estoy convencido de los inmensos beneficios personales y de carácter que trae esta búsqueda de tu mejor versión física.

Es por todo esto que la búsqueda de mi mejor versión física me ha convertido y me convierte día a día en una mejor versión de MI PERSONA. y sin lugar a dudas, eso es lo que recomiendo también para tu vida.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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Procesando…
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Año Nuevo: Reflexión, Balance y Cómo Lograr las Metas

Los últimos días de diciembre y los primeros días de enero, suelen ser para reflexionar, hacer un balance del año transcurrido y para fijar y programar las metas del siguiente año que comienza. O al menos así debería ser.

Más allá del cliché de que «todos los días son una nueva oportunidad para comenzar», la realidad nos demuestra que es a fin de año cuando la mayoría de las personas nos tomamos un tiempo para descansar, reflexionar y hacer un balance. Así se vive energéticamente, y así se siente en el aire.

Sin embargo también es cierto que la mayoría de las personas que se ponen metas y objetivos nuevos a principio de año, luego los abandonan y esos proyectos se pierden. «Este año empiezo el gimnasio», «este año comienzo mi emprendimiento», «este año termino esta relación tóxica», «este año…, este año…».

Pero qué es lo que pasa que no podemos lograr nuestras metas? Por qué fallamos una y otra vez, año tras año? Acaso no tenemos voluntad? Son nuestras metas imposibles? En verdad tiene sentido fijarnos metas?

La realidad es que los factores que causan el incumplimiento de las metas seguramente sean varios de los mencionados al mismo tiempo. Y saber identificarlos es importante para ver dónde fallamos y poder corregir.

Hay una realidad: cumplir metas no es algo fácil. Puede ser simple, pero no fácil. Porque se requiere cumplir con varios pasos y características para poder establecer de manera correcta una meta y luego cumplirla.

Para ello, resulta útil citar la estrategia de fijación de metas de expertos en el tema, como el Sr. Brian Tracy y las Señoras Verónica y Florencia de Andrés.

En este sentido, ellos nos muestran distintas características que debe tener una meta para que haya mayor posibilidad de cumplimiento. Entre las más importantes (y también basándome en mi propia experiencia de aquellas metas que logré) destaco las siguientes:

1) Propósito: antes de fijarnos una meta, resulta fundamental tener un propósito bien definido, ya que si no sabemos nuestro propósito, ninguna meta que fijemos tendrá sentido.

El propósito es aquello que nos mueve, que nos motiva, que nos hace soñar despiertos y al mismo tiempo nos quita el sueño. Es aquello para lo que sabemos y sentimos que vinimos a este mundo.

Una manera de identificar el propósito es esta: cuando actuamos de acuerdo a nuestro propósito lo hacemos con seguridad, entusiasmo, motivación, control de la situación y una total fluidez. No hay resistencia ni sufrimiento más que el cansancio lógico pero feliz del trajín de la actividad. Nos sentimos «en la zona».

2) Claridad: una meta tiene que ser clara. De hecho, Tracy nos dice que «hay una relación directa entre el nivel de claridad que tenemos sobre quiénes somos y qué queremos y prácticamente todo lo que conseguimos en la vida».

Es por esto que debemos ser lo más específicos y descriptivos posible al momento de fijar una meta. Por eso es que se recomienda tanto escribirla incluso a mano, para que de ese modo se fije más fuerte en nuestro subconsciente.

Escribiendo las Metas

3) Planificación: Se trata de diseñar el camino, la hoja de ruta hacia nuestro destino (la meta) establecido. La idea es generar un plan para determinar paso a paso como llegar desde donde nos encontramos actualmente hasta donde queremos llegar.

Este plan debe estar bien detallado, minuciosamente, determinando así cada paso que se debe dar y qué se debe hacer para dar esos pasos. Es decir, el qué (lo que hay que hacer) y el cómo (cómo hacerlo). De este modo sabremos perfectamente los pasos a seguir.

En definitiva, una meta, no es más que muchas metas más pequeñas que se van cumpliendo poco a poco hasta lograr la meta mayor. Por ejemplo, si uno quiere ser médico, deberá inscribirse a la carrera, dar los exámenes correspondientes y hacer prácticas durante una cantidad de años determinados. Cada uno de esos pasos (ingreso, exámenes y prácticas) son metas menores que nos llevarán a la meta mayor.

4) Medir el Progreso: Es fundamental a medida que comenzamos a recorrer el camino para lograr una meta, darle un seguimiento periódico al progreso. Debemos ver con regularidad si vamos avanzando y cómo lo vamos haciendo. Esto nos va a permitir ver qué cosas estamos haciendo bien y qué cosas debemos corregir para enderezar el rumbo.

Es como un barco que viaja hacia un destino determinado: no lo hace en línea recta sino que va constantemente corrigiendo pequeños desvíos para continuar la ruta indicada.

Esta característica de Medir el Progreso, es lo que nos lleva a otra característica que debe estar siempre presente, y es la de la flexibilidad.

5) Flexibilidad: Para poder lograr nuestras metas es clave disponer de la suficiente flexibilidad para poder justamente corregir las cosas que hagan falta corregir. Si es necesario cambiar algún aspecto del plan, se cambia. Incluso si es necesario cambiar de plan porque nuestro plan se ha tornado obsoleto, se cambia. Y para esto hace falta flexibilidad.

Lo que no cambia, es nuestra meta. Si nuestro propósito es el correcto para nosotros, si es claro, si estamos comprometidos con él, entonces nuestra meta no cambiará.

6) Foco: Otro aspecto importantísimo es estar enfocado hacia la meta. No dejar que las distracciones nos saquen de nuestro camino. Nuestra meta, basada en nuestro propósito, debe ser como un faro en alta mar. A veces se ve con mas claridad, a veces la luz se ve más borrosa, pero siempre está ahí presente, guiando nuestro camino.

Y para eso resulta fundamental mantenerse enfocado con la atención puesta en nuestra meta.

Se dice que el tenista Bjorn Borg era capaz de permanecer durante horas mirando fijamente una pelota de tenis con una concentración plena. Eso es lo que se llama focalizar en el objetivo.

7) Visualización: Otro requisito para el logro de una meta, es la visualización. Es muy importante poder visualizar con regularidad la meta.

Por visualización se entiende la capacidad de poder imaginar de manera cuasi tangible la meta. Con lujo de detalles, incluso al punto de poder sentir emocionalmente aquello que sentiríamos al lograr la meta.

Se cuenta que una de las manera de entrenar a los velocistas de élite de cien metros, es a través del ejercicio de la visualización. Se los coloca en estado de meditación con la indicación de visualizar la competencia futura. Desde que se están vistiendo en los vestuarios, pasando por el disparo de largada, la tensión de los músculos al correr, hasta atravesar la meta.

Pero sobre todo, que sientan lo que están viviendo en esos momentos. De este modo, el cuerpo comienza a vivir de antemano el logro de esa meta.

Visualizar la Meta

8) Posible o Alcanzable: Éste es un aspecto polémico, ya que para algunos autores debemos fijarnos metas posibles y alcanzables para no desmoralizarnos.

Sin embargo para otros autores, hay que apuntarle a la luna para llegar lo más lejos posible. Es decir, apuntar a lo imposible para llegar lo más lejos posible.

Creo que lo ideal sería congeniar ambas teorías, apuntando en la meta a largo plazo (nuestro propósito) a lo que a simple vista parecería imposible de lograr, pero en el corto y mediano plazo proponernos metas posibles y alcanzables.

9) Resiliencia: Es la capacidad de sobreponerse a los reveses de la vida y salir de ellos más fortalecidos.

Para poder lograr nuestras metas, esta característica es determinante, ya que los fracasos o errores (que bien interpretados no son tales) para alguien resiliente son meramente situaciones para aprender y seguir adelante.

10) Acción: La sola palabra se explica por sí misma. Sin acción, no hay nada. Si no hacemos las cosas que hay que hacer, no hay planificación ni fijación de metas que valga.

Para lograr las metas es necesario poner manos a la obra. Es preferible llevar a cabo un mal plan, que tener el plan perfecto y no hacer nada.

En definitiva, desde mi punto de vista, estos son los DIEZ aspectos y características más importantes a tener en cuenta para el logro de una meta. No creo que haya alguno más importante que otro, ya que son todos necesarios y tampoco creo que tengan un orden de prelación.

Entiendo que todos son igual de importantes y deben ser aplicados simultáneamente durante el proceso de creación de una meta.

Por último, si uno se fija en los grandes líderes de la historia y sus logros, si los analiza en detalle, se va a dar cuenta que de una u otra forma, de manera más consciente o inconsciente, todos sin excepción, aplicaron estos pasos y características a sus metas.

Por eso, si realmente estás interesado en establecer y lograr tus metas este año 2020, te recomiendo que tengas en cuenta estos diez principios.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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La Fortaleza Mental Según Rafa Nadal

En el mes de abril de 2019, el gran campeón de tenis, Rafa Nadal, nos dejó en menos de un minuto, una joya invaluable por su contenido.

En una entrevista le preguntaron al múltiple campeón, como entrenaba su mente, a lo que él respondió de manera muy clara del siguiente modo:

«Se trabaja a nivel mental cuando se salta a la pista cada día sin quejarse. Si lo haces mal, tienes problemas o sufres dolor, pones la actitud y la cara correcta y no te sientes negativo sobre los problemas que están ocurriendo. Si estoy jugando regular, si tengo problemas, salto a la pista con la pasión de seguir entrenando. Es lo que he hecho durante toda mi carrera: no frustrarme cuando las cosas no van bien, no ser negativo y es por eso que siempre tuve la posibilidad de volver, y aquí estamos, un título importante, un momento importante, y ahora es el momento de seguir adelante».

Fortaleza Mental según Rafa Nadal

De este minuto de frases aparentemente desordenadas de Nadal, se pueden desprender principios fundamentales para deducir su mentalidad y sobre todo su actitud ganadora.

Nadal tiene, lo que se podría llamar de «mentalidad espartana» o «estoica». Rafa no habla de «fluir» con como van las cosas, no habla de aceptar si uno tiene un mal día y compadecerse de uno mismo. No. Eso no se acepta en su filosofía, ni siquiera ante el dolor o el sufrimiento. Veamos en detalle sus frases.

Nadal festejando

«Se trabaja a nivel mental cuando se salta cada día a la pista sin quejarse».
Ya en esta frase vemos dos principios fundamentales del desarrollo personal de un líder: la constancia o regularidad (saltar cada día a la pista) y el nunca poner ninguna excusa sean las circunstancias que sean (sin quejarse). Ambos atributos de los ganadores, no hace las cosas sólo cuando «siente» hacerlas, sino que las hace «cada día» sin excepción alguna. No hay situación, circunstancia o persona alguna que lo saque de su obligación (que no es tal pues para él, es su pasión) de «saltar a la pista» cada día.

«Si lo haces mal, tienes problemas o sufres dolor, pones la actitud y la cara correcta y no te sientes negativo sobre los problemas que están ocurriendo»
En esta frase se puede ver otro aspecto fundamental de la mente de un líder: es REALISTA. Él sabe que en algún momento puede estar jugando mal, tener problemas o estar sufriendo dolor (basta ver la carrera de Nadal para saber que ha sufrido muchas lesiones y sin embargo, siempre ha vuelto fortalecido) y aún así, su solución a esto no es bajonearse, quejarse, echar la culpa a su genética o sus problemas personales. No, su solución es poner la cara y la actitud «correcta».

Y aquí aparece su lado estoico o espartano: hay una manera correcta e incorrecta de hacer las cosas, según él. Por supuesto según sus parámetros y sus objetivos: para ser el mejor de todos, para ser el mejor que puede ser, las cosas se DEBEN hacer de una determinada manera. El resto son excusas que no lo llevarán a donde quiere llegar. La gran mayoría de la gente podrá opinar que debería relajarse un poco más, que no disfruta de la vida, que es demasiado exigente, etcétera, etcétera. Sin embargo, es ahí donde radica la diferencia entre Rafa Nadal y el resto. No sólo se diferencia de la gran mayoría de nosotros, sino de todos los tenistas de elite, incluido el gran Roger Federer. Entonces, es evidente que algo debe saber Rafa sobre ganar. Pero sobre todo, sobre ganarse a uno mismo.

«Si estoy jugando regular, si tengo problemas, salto a la pista con la pasión de seguir entrenando».
Repite aquí su realismo sobre estar viviendo un momento difícil, y su solución: en este caso, recurre a su pasión, su pasión por seguir entrenando. Esto es algo que siempre admiré de Nadal: su altísimo y obsesivo nivel de competitividad. De hecho, en su caso ha sido el tenis, sin embargo de chico quería dedicarse al fútbol y según cuenta, era igual de competitivo. Y lo mismo aseguran sus amigos que juegan golf con él: muchas veces ellos no llegan a disfrutar jugar con él ya que es tremendamente competitivo, tan es así que tiene un handicap de 1.5 golpes. Con este nivel de handicap, podría ser profesional del golf también. De hecho, fue subcampeón del torneo de Islas Baleares en febrero de 2019. Nadal es un apasionado en lo que hace, independientemente de la actividad.

«Es lo que he hecho durante toda mi carrera: no frustrarme cuando las cosas no van bien, no ser negativo y es por eso que siempre tuve la posibilidad de volver«.
Y vuelve nuevamente a hacer hincapié en esa mentalidad estoica: el sobreponerse a la frustración, sacarla rápido de su mente evitando ser negativo para salir así adelante, sea la situación que sea y pagar el precio que haya que pagar para triunfar. Es por eso que siempre lo vemos sobreponerse en distintas situaciones de un partido de tenis, de un game e incluso de un punto. Así lo hemos visto ganar partidos, games o puntos que parecían imposibles que los gane. Nunca, pero nunca baja los brazos.

Y Nadal, es evidente que lo que está corriendo es una maratón, no una carrera de 100 o de 200 metros, porque incluso cuando todos creíamos que el más grande de la historia iba a ser Roger Federer (al menos en lo que a números se refiere), todo parece indicar que Rafa quiere también destronar al gran Roger de ese título, ya que está a sólo UN GRAND SLAM del suizo.

Muchos factores han influido en su vida para que Rafa logre ser quien es, como tener una buena familia, en la cual recibió mucho cariño, tener a su tío como entrenador, quien lo ha forjado en esta mentalidad espartana del tenis y de la vida, y ser una persona equilibrada emocionalmente, nunca permitiéndose excesos en su vida personal (al menos no que conozcamos) y siempre cuidando su privacidad y la de sus seres queridos. Un ejemplo por donde se lo mire. Todo esto se suma a su natural personalidad guerrera que potencia dentro de una cancha de tenis.

Libro de Rafa Nadal

Si quieren saber más de la vida de este gran campeón, les recomiendo el libro de su autoría junto con John Carlin, titualdo «Rafa, mi historia». Allí se detallan muchos de estos aspectos mentales y de liderazgo a lo largo de su vida y de sus desafíos tenísticos. Vale la pena su lectura.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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Adiós 2019, Bienvenido 2020

Un nuevo año llega a su fin. Termina el año 2019. Un año más y muchos de nosotros nos tomamos esta época para hacer un balance del año, para ver las metas y los planes que teníamos a principios de año y verificar qué de ello logramos alcanzar y qué no.

Para la gran mayoría de la gente, la triste realidad es que esas grandes metas, esos grandes sueños que se propusieron lograr, no fueron alcanzados. O peor aún, ni siquiera fueron perseguidos. Es triste y es duro, pero es la realidad.

Otros de nosotros, fijamos nuestras metas y buscamos alcanzarlas, algunas fueron logradas y otras están en camino. Por otro lado, otras han sido desechadas o modificadas a lo largo del año por distintos motivos.

Un tercer grupo, minoritario, ha fijado sus metas muy claramente, casi al detalle, ha ido por ellas y las ha cumplido. Estas personas son especímenes raros, muy difíciles de encontrar, pero existen.

En lo personal, me encuentro aún en el segundo grupo, buscando mejorar la fijación de mis metas y su cumplimiento. Sin embargo, lo importante desde mi punto de vista, es que no importa en qué grupo de éstos te encuentres, sino que estés en el camino de soñar, fijar y perseguir tus metas, sean las que sean.

Adiós 2019, Bienvenido 2020!

Es por esto que estoy muy agradecido por el año 2019 vivido. Fue un año de aprendizaje y de crecimiento personal en varios aspectos de mi vida, como el aspecto físico y de relaciones interpersonales, así como me encuentro aún en balance de mi economía. Año de cambios buscando mejorar y evolucionar como persona. El balance, en mi caso, ha sido positivo.

También estoy muy agradecido por aquellos que me siguen en este sitio web, leyendo los artículos que escribo, en YouTube con mis videos o en Instagram con mis fotos e historias. Sin dudas, de a poco esta pequeña comunidad de Mejora Personal va creciendo, lo cual me llena de orgullo y felicidad.

Por todo esto es que en 2020 voy a continuar generando contenido de valor y calidad para ustedes, compartiendo experiencias y conocimiento en los temas de salud y estado físico, relaciones interpersonales y abundancia. Pero la idea es hacerlo cada vez mejor, más profesionalizado para poder ir llegando cada vez a más gente.

Para mí resulta muy importante ayudar a las personas (principalmente la gente que se encuentra entre los 35 y 55 años) a tomar conciencia de la trascendencia de mejorar estos tres aspectos (salud, relaciones y dinero) y darles herramientas para que más allá de tomar conciencia, puedan accionar y cambiar lo que necesiten cambiar.

En definitiva, estoy convencido que el año 2020 va a ser un muy buen año, sobre todo para consolidar los cambios y el aprendizaje que se viene dando y de ese modo, poder brindar cada vez más una mejor versión de mí mismo hacia los demás, traducido en mejor contenido, herramientas y servicios para la gente.

Espero que hayan tenido un muy buen 2019 y mejor aún, les deseo que tengan un excelente año 2020 en el que puedan de verdad cumplir (o comenzar a cumplir) todo aquello que se propongan.

Gracias 2019 y Bienvenido 2020!

Federico Medina

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La Zona de Confort, el Peor Enemigo

Se dice que para hervir a una rana viva hay que aplicar una técnica progresiva. Es decir, no se puede hervir a una rana viva metiéndola simplemente en agua hirviendo, porque aquella al sentir el insoportable calor del agua, Salta con tal fuerza que escapa del recipiente.

Entonces, la técnica que se utiliza es la siguiente: se pone la rana viva, a nadar plácidamente en el recipiente con agua fría, pero sobre un mechero, y luego de encender el mechero, muy de a poco se va calentando el agua. De ese modo, la rana se va acostumbrando sin darse cuenta, al aumento progresivo de temperatura, hasta que termina hervida sin saberlo.

Salir de la zona de confort

Esta descripción es la metáfora perfecta de lo que implica la zona de confort en nuestra vida. Es algo que se va impregnando de manera tan natural e inconsciente en muestro día a día que cuando nos queremos dar cuenta, ya es demasiado tarde. O simplemente, ni siquiera nos damos cuenta.

Sin embargo hay una manera muy clara y certera de identificar cuando nos encontramos estancados en la zona de confort. Esta manera es identificando esa voz dentro nuestro que busca permanentemente el confort, lo fácil, el menor esfuerzo.

Esa voz que nos dice: «qué pocas ganas de entrenar», o «no quiero hacer el trabajo», o «comer saludable no es importante», o «un cigarrillo más no me va a hacer daño», o «prefiero ver televisión a leer un libro», etcétera, etcétera.

Si prestamos la debida atención, podremos identificar claramente esa voz, esa parte nuestra. Una vez identificada, está en nosotros acallar acallarla haciendo justamente eso que la voz no quiere que hagamos. Por supuesto que al principio nos va a costar ya que no estamos acostumbrados al esfuerzo constante.

Sin embargo, a medida que vayamos haciéndolo con constancia día a día, nos iremos sintiendo cada vez más a gusto con eso que antes tanto nos costaba. Y esto aplica a todo: a nuestra alimentación, al entrenamiento, a nuestras relaciones y el llevarnos con los demás, a nuestro trabajo y nuestra economía.

Es muy importante tomar conciencia de esto, porque nuestro peor enemigo es la zona de confort. O también conocido como mediocridad o tibieza. Por algo está escrito en la Biblia «a los tibios los vomitaré».

Zona de Confort

Porque así como a la rana, a los humanos nos resulta más sencillo escapar de una situación de insoportable dolor que de una situación de perjudicial comodidad.

Es por esto que la zona de confort es nuestro peor enemigo. Porque nos estanca, nos hace retroceder sin que siquiera nos demos cuenta.

La zona de confort es una morfina, una leve neblina que todo lo va cubriendo poco a poco, día a día, sin que podamos verlo o sentirlo. Es muy traicionera: nos hace creer que todo está bien, que con esa comodidad es suficiente cuando sin embargo en nuestro fuero íntimo sabemos que eso no nos alcanza. Que eso no puede ser todo en la vida.

Y nos puede suceder esto en una relación, en un trabajo, con nuestra salud, con nuestros hijos o con miles de situaciones puntuales, en las que nos sentimos cómodos pero lejos, muy lejos de sentirnos plenos. Por esto es que es tan difícil salir de la zona de confort.

Otra estrategia para evitar la zona de confort, es exponernos de manera consciente y voluntaria a situaciones de incomodidad. Por ejemplo, buscar hacer aquello que instintivamente nos incomoda hacer o nos da miedo hacer. Ejemplos de esto pueden ser: hablar en público, tirarnos en paracaídas, aprender algo nuevo donde nos expongamos, hablarle a una cámara, o cualquier otra cosa que nos incomode o nos de miedo hacer.

Una vez que nos animemos a hacer esto y lo repitamos con regularidad, se tornará algo normal donde ya no sentiremos incomodidad o miedo. Entonces llegará el momento de cambiar nuevamente.

Y así, continuar de manera constante hasta que esto se transforme en un estilo de vida que nos lleve a vivir constantemente fuera de la zona de confort y así poder explotar nuestro máximo potencial.

Federico Medina

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