Competir Para vivir

Hace varios días que vengo dándole vueltas a un pensamiento que finalmente hoy me terminó de cerrar y se resume en la frase del título de este artículo: «Competir para Vivir». ¿A qué me refiero con esta frase, o cómo la interpreto en mi caso? Veamos…

Desde que tengo uso de razón me identifico con ser alguien muy competitivo, en general en todo sentido, en mi trabajo, en el intercambio de opiniones y en otras muchas otras situaciones. Por algo, soy abogado.

Pero a pesar de esto, durante el transcurso de mi vida he ido aprendiendo a regular mi competitividad debido a que muchas veces me trajo problemas, por ejemplo, en mis relaciones de pareja. Competir con una pareja es algo tremendamente desgastante que daña la relación. No lo recomiendo para nada.

Pero, a lo que quiero referirme puntualmente en este artículo, es a mi lado competitivo como atleta y como deportista. Lo bueno del ámbito deportivo es que está destinado a estos fines, además de lo recreativo. Entonces es en este ambiente en el que puedo desplegar libremente toda mi competitividad.

Ahora, aunque antes me obsesionaba competir contra los demás jugadores (del deporte que fuera que practicara), hoy en día ya no siento esa necesidad. Hoy mi pasión y mi obsesión pasa por la competencia conmigo mismo.

Hace ya tanto tiempo que entreno solo que prácticamente no presto la menor atención a quiénes están a mi alrededor entrenando. Esto hace que esa atención esté puesta en mi persona, en lo que estoy haciendo en el momento que estoy entrenando: ya sea levantando pesas, haciendo muscle ups, corriendo, usando el elíptico, la bicicleta o mismo jugando squash (aunque este deporte lo practique con otros).

Enfoque en el entrenamiento

El punto es que disfruto tanto de tener la atención puesta en lo que estoy haciendo al momento de entrenar, que busco cada día hacerlo mejor. Busco mejorar una y otra vez con respecto a mi propio desempeño en mis entrenamientos. Esto me llevó a pensar a fondo el porqué de esta pasión, lo que me llevó a la siguiente conclusión:

Desde que soy chico, amo los deportes y el esfuerzo físico, en sus diferentes formas. He practicado distintas disciplinas y siempre las he disfrutado: he jugado rugby, fútbol, tenis, paddle, golf, bicicleta, ping pong, carreras de 100 metros y muchas otras disciplinas. Es evidente que el deporte y el esfuerzo físico es una manera muy marcada de expresarme. Incluso al hacer algún deporte con cierta regularidad, la mayoría de las veces termino destacándome, ya que además de pasión, tengo bastante habilidad física.

Aquí, jugando Rugby en Primera División

Entonces, a raíz de estos pensamientos, llegué a entender que el deporte y la competitividad, al ser dos aspectos que conviven en mí de manera muy marcada, son prácticamente una extensión de mi persona, son parte de mi esencia y mi personalidad. Y en el entrenamiento y el esfuerzo físico, estos dos aspectos confluyen encontrando su lugar de máxima libertad de expresión.

Es por esto que al dar rienda suelta al desarrollo y esfuerzo físico junto con la competitividad, me siento libre, me siento VIVO. Y también es por esto que hace tanto sentido el título de este artículo, «Competir para Vivir», porque es compitiendo (principalmente conmigo mismo, buscando cada día mejorarme) que me siento más vivo.

Entrenando calistenia

Porque compitiendo deportivamente y físicamente, conmigo mismo, busco mejorar casa día y siento que puedo expresar lo mejor de mi persona, puedo expresar QUIEN REALMENTE SOY. Mi esencia, mi propósito en esta vida. Y es compitiendo en lo deportivo y en lo físico en donde siento que Dios se manifiesta a través mío, pasando entonces a ser mi cuerpo y mi persona, simplemente un medio mediante el cual se manifiesta el universo mismo.

Sé que suena algo esotérico esto que digo, pero es así como lo siento y como lo vivo. Siento cada día una necesidad de entrenar y desarrollarme físicamente que excede mis propios deseos. Es como si fuera un llamado que siento, un llamado que surge en mi interior, en mi conciencia. Y así lo tomo y lo vivo, como algo que debo hacer, como una misión que debo cumplir.

Es difícil de entender para quien no lo vive, así como fue muy difícil de entender para mí mismo, pues me llevó muchos, muchos años tomar conciencia de ésto y aceptarlo. Me costó (y me va a costar aún) muchas renuncias a cosas, personas y situaciones muy queridas. Porque al elegir algo, lo más difícil no es decir que sí a aquello que queremos, sino decir que no a aquello a lo que estamos renunciando. Un tremendo aprendizaje de desapego.

Pero si hay algo que siento cada día más fuerte, es que vale la pena. Vale la pena cada renuncia para vivir el camino, para vivir el proceso, para vivir la misión. Esto, independientemente de si llego algún día o no a un resultado.

Se trata, sin dudas, de una gran expresión de amor. Amor propio, amor a aquello por lo que vinimos a este mundo a vivir esta vida, amor a darlo todo por ese mensaje que tenemos para dar, por esa misión que vinimos a descubrir y lograr, por esa melodía que vinimos a tocar.

Siempre darlo todo

Como bien dijo un filósofo alguna vez…., no lleguemos a nuestra muerte sin haber tocado la música que llevamos dentro.

En definitiva, si yo no compito conmigo mismo desde el punto de vista deportivo y del esfuerzo físico, siento que voy muriendo en vida de a poco. Que me voy marchitando. Por el contrario, si compito conmigo mismo en lo deportivo y desde el esfuerzo físico, me siento cada vez más vivo, y desde ahí, puedo construir para mejor, el resto de los diferentes ámbitos de mi vida.

Y lo que en mi genera esa expresión física y deportiva, en otras personas lo generará la música, la pintura, los números, la poesía, el cine o cualquier otro tipo de actividad o disciplina. Lo determinante aquí es escuchar ese llamado, esa vocación, esa pasión que (quizá) permanece aún adormecida y silenciada dentro de cada persona.

Somos únicos e irrepetibles, y cada uno de nosotros lleva una música dentro, un propósito, una misión en esta vida. No nos privemos de vivir esta expresión, no privemos al mundo de nuestro único mensaje. Tengamos el coraje suficiente para seguir nuestro corazón y competir con nosotros mismos en aquello para lo cual vinimos a este mundo.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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