El Viaje del Héroe

Son las 5 am de un día cualquiera y me encuentro reflexionando sobre mi vida. Puntualmente sobre mi pasado, desde donde comencé este camino -hace ya más de 15 años- en el que me encuentro actualmente y sobre todo lo que tuve que atravesar para estar hoy donde estoy y sentirme hoy como me siento respecto de mímismo: con orgullo y tranquilidad. No es la primera vez en estos días que pienso respecto de todo esto.

Al encontrarme reflexionando, cada vez veo más claro algo que se me fue revelando, primero de a poco y luego más fuerte: El Camino del Héroe o Viaje del Héroe. Porque de alguna forma puedo decir que siento que me encuentro viviendo este viaje, independientemente del destino al que llegue, si es que alguna vez llego a algún lado en esta vida, y si es que existe en esta vida algún destino al cual llegar. En lo personal, me es indistinto. Amo quien estoy siendo y en quien me estoy convirtiendo, amo mi vida y amo mi camino.

En fin, este “Viaje del Héroe” (también llamado “Monomito”) fue un concepto desarrollado por el antropólogo Joseph Campbell, y básicamente lo que explica es que todo héroe que termina siendo tal, debe forzosamente hacer un viaje, recorrer un camino de transformación interna. Algunos ejemplos de este viaje han sido: Jesucristo, Buda, Ulises, Eneas, Dante, el Hijo Pródigo en su parábola, el Quijote, el Alquimista, Rocky Balboa, Luke Skywalker, Batman o cualquier protagonista que vemos actualmente en las películas o historias de Hollywood; o mismo en la realidad histórica y actual, casos de personas admirables en sus vidas como Beethoven, Van Gogh, Miguel Ángel, Leonardo da Vinci, Abraham Lincoln, Viktor Frankl, Ghandi, Martin Luther King, Madre Teresa y otros.

En este viaje, se dan ciertos parámetros y características comunes a todo héroe y su historia, que valen la pena analizar: en primer lugar, el protagonista se encuentra llevando una vida cotidiana que no lo termina de satisfacer, es decir, comienza a sentir dentro suyo una inquietud, un llamado, un ansia de aventura, una voz interior que le dice que hay mucho más ahí afuera que lo que está viviendo en ese momento y que, por lo tanto, debe salir de esa situación de insatisfacción en la que se encuentra, si quiere mejorar, evolucionar, sentirse pleno o vivir su sueño. Esta vida cotidiana, no es más que la famosa “zona de confort”, ya que es un lugar cómodo, conocido pero al mismo tiempo, chato e insuficiente para él.

El Viaje del Héroe

Sin embargo, a pesar de este llamado, el protagonista la mayoría de las veces se resiste, pues no resulta para nada sencillo abandonar lo conocido en pos del cambio, de la incertidumbre y de los riesgos del posible sufrimiento y dolor.

En efecto, la gran mayoría de las personas nunca dan ese primer paso que es responder afirmativamente con acciones a ese llamado. La mayoría de la gente vive la vida que de alguna forma le ha sido diseñada por terceros, y nunca va a saber realmente lo que implica seguir y vivir ese camino.

Sin embargo el héroe supera ese miedo paralizante y toma la decisión finalmente, de comenzar el viaje. Es así que entonces este héroe, se lanza a la aventura (sea esta la que sea) iniciando un viaje interno que se manifiesta en acciones externas y que sólo él puede entender (o incluso, muchas veces ni él mismo lo entiende siguiendo simplemente su intuición). Toda la gente que lo rodea, sus conocidos y la gente de su entorno, no pueden entenderlo llegando muchas veces a burlarse de sus sueños, sus ideas, su situación. El héroe ahora está solo y sufre la incomprensión de su entorno. Entonces comienza su dolor, su sufrimiento, su camino.

Don Quijote de La Mancha

Sin embargo, el protagonista elige seguir esa llamada interna, esa voz que le dice “salgamos de aquí para buscar eso que tanto deseas”. En las historias antiguas, este llamado estaba representado por los dioses, por Dios mismo (la zarza ardiente en el caso de Moisés, por ejemplo), la iluminación (Buda), y demás expresiones sobrenaturales. La realidad es que el héroe decide escuchar esa voz interna para seguirla, aún sin tener ningún tipo de certeza del camino que va a recorrer y sobre todo, del destino al que arribará (o no). La única certeza es ponerse en movimiento.

Durante esta travesía (interna y externa), el protagonista enfrentará muchos obstáculos, problemas, desafíos, sufrimiento y dolor, pero principalmente se enfrentará a sí mismo al enfrentarse a dichos obstáculos. Es en esos momentos donde el protagonista comienza a conocerse realmente a sí mismo y a forjar su carácter; a convertirse en héroe. Es ese atravesar el fuego lo que convierte al barro en vasija. No hay otro camino posible para este personaje.

Por último, si el héroe logra atravesar todos los problemas y obstáculos enfrentados, tiene la posibilidad de volver a aquel lugar en el que todo comenzó, volver a aquello que en otro momento fuera ordinario y cotidiano, pero desde otro lugar interno, ahora vuelve transformado. Ese protagonista ya no es el mismo que salió tiempo atrás a vivir las aventuras, tampoco es el mismo que vivía ordinariamente tranquilo pero inquieto interiormente. Este protagonista es ahora otra persona. Y es desde este lugar desde donde puede mirar, admirar y apreciar las cosas de otra manera, y así poder ayudar a las demás personas con base en su propia experiencia.

Un ejemplo claro de este viaje, es la parábola del Hijo Pródigo en la cual el protagonista reniega de su situación de lujos y comodidad y sale a vivir la vida, dilapidando todo su dinero que había heredado en vida de su padre, terminando luego de sus excesos, sufriendo terribles carencias económicas y morales. Pero fueron esas carencias y problemas, fue vivir esa miseria lo que transformó su interior para decidir volver a la casa de su Padre, pedir perdón y apreciar, ahora sí, aquello que él antes ya tenía y vivía sin conciencia.

Cualquier persona normal podría preguntarse, pero entonces, para qué se fue, si ya tenía todo? La respuesta es muy clara y contundente: se fue para transformarse. Porque sin esa transformación necesaria, nunca habría podido volver a apreciar todo eso que ya tenía.

Llevando esto a nuestra propia vida, la realidad es que cada uno de nosotros puede ser ese protagonista, puede ser ese héroe. Todos nosotros tenemos un héroe dentro. Pero la gran cuestión aquí, radica en si emprendemos o no emprendemos ese viaje. Si escuchamos o no escuchamos esa voz que llevamos dentro, esa inquietud, esa intuición que tenemos todos que nos invita a salir de nuestra cotidianidad, de nuestra zona de confort, de nuestra comodidad.

Sin embargo, como dije, la mayoría de las personas elige día a día, quedarse en ese lugar de comodidad, en eso cotidiano y conocido que nos duerme y nos mantiene somnolientos como si fuera una morfina que no nos deja despertar. Vivimos en una era donde todo es cada vez más confortable, cada vez más cómodo, cada vez más placentero. Desde la comida que se nos ofrece, el transporte, la comunicación y la tecnología en general que busca cada vez más facilitar todo para las personas, hasta el punto de no tener que movernos ni siquiera para adquirir cualquier bien o servicio que queramos, en tan sólo unos minutos a un clic de distancia.

Y es así que esta era, esta actual sociedad en la que vivimos, ha dejado de lado lo más importante de todo, que es lo que suelo decir en este espacio: la importancia del proceso, justamente, del viaje (del héroe). Porque es este viaje el que nos va a convertir en mejores personas, el que nos va a hacer evolucionar.

Porque no sabemos quienes realmente somos hasta tanto no nos enfrentamos con nuestros peores dolores, nuestros mayores sufrimientos y nuestras más oscuras sombras. Y la manera de enfrentar todo esto, la manera de conocernos realmente a nosotros mismos, es emprender este viaje del héroe, es salir de una buena vez de la zona de confort para vivir esas aventuras que tanto soñamos desde niños.

Esta sociedad actual solamente busca y promete con su maquinaria marketinera los resultados rápidos, sin el proceso: cómo bajar 15 kilos en 1 mes, cómo hacerte millonario en 6 meses, cómo encontrar al amor de tu vida sin sufrir, cómo encontrar tu paz interior en 5 sesiones, cómo fluir en la vida y lograr todo lo que quieras sin esfuerzo, etcétera, etcétera. Nada de dolor, nada de problemas, nada de obstáculos ni sufrimiento. Puras mentiras y mierda para las moscas.

Y esto lo sé en primera persona porque durante mucho tiempo de mi vida busqué atajos, hacks, secretos y fórmulas mágicas para lograr las cosas. Hasta que me di cuenta que ese camino sólo traía más vacío, y que en realidad, los resultados, el éxito no es lo más importante, sino que es una mera y natural consecuencia de la transformación y el desarrollo personal.

No hay resultados sin sacrificio, no hay evolución sin dolor. No hay auto conocimiento sin problemas, sin desafíos, sin obstáculos que nos hagan sacar lo mejor de nosotros mismos para superarlos. La sabiduría se trata de aplicar el conocimiento, se trata de obtener aprendizaje a través de la experiencia, a través del dolor, de caerse y levantarse una y otra y otra y mil veces, hasta aprender.

Quien no experimentó lo que es ser padre, no puede saber lo que esto significa. Quien no ha vivido una quiebra económica, no sabe lo que es pasar este tipo de carencia y nunca va a poder apreciar la abundancia como sí lo hace quien lo vivió. Quien nunca ha sufrido de un corazón roto, no sabe lo que significa realmente amar. Porque para amar hace falta abrir el corazón con el gran riesgo de que nos lo rompan en mil pedazos.

Y la vida, al menos esta vida, se vive una sola vez. No hay segundas chances. Entonces, busquemos escuchar esa voz interna que nos quiere ayudar a ser lo mejor que podemos ser, salgamos de esa vida mediocre, cotidiana, amorfinada y somnolienta que vivimos para internarnos en esos sueños que tenemos dentro. Vivamos de una buena vez como protagonistas de nuestra propia vida, como los verdaderos héroes que podemos ser y dejemos el resultado en manos de Dios, sabiendo que lo más importante de todo, es en quiénes nos convertimos por recorrer ese Viaje del Héroe.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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