Algo Es Mejor Que Nada

Cuando comencé a cambiar mi cuerpo, mi salud y mi estado físico, hace ya más de cinco años, tuve el tino de pensar y analizar lo que iba haciendo y sobre todo, como me iba sintiendo. Esto me sirvió para ser inteligente y/o voluntarioso cuando hacia falta. Me hizo ser estratega.

Me di cuenta que mis estados de ánimo y emociones respecto de entrenar y comer saludable, variaban. Que había días que tenía mucha energía y predisposición para hacer lo que tenía que hacer y que habían otros días en los que realmente, no tenía nada de ganas de entrenar o que simplemente no quería comer sano.

Los Primeros 3 meses de cambios

Pero en ese comienzo de cambio de vida había algo que tenía muy claro: no quería abandonar. Y esto lo tenía claro porque justamente, habían sido muchas las veces en las que había abandonado mis “proyectos”, fueran estos los que fueran. Y estos abandonos, estos fracasos, dolieron y mucho.

Entonces, tenía que encontrar una manera de superar esos días de desmotivación y falta de ganas. Tenía que ganarle a mi lado oscuro, a esa voz condescendiente que suavemente te justifica acariciandote y diciéndote: “no te preocupes, si no entrenás igual está bien. Ya entrenarás mañana…” o “Comete esa pizza que tanto querés, no pasa nada, igual estás bien”.

Nuestra Voz Condescendiente

Esa maldita voz condescendiente e incansable que siempre está presente para justificar nuestra desidia. Nuestros fallos, nuestros pecados, haciéndolos quedar como algo bueno. Total…. “Si todos son iguales… Todos hacen lo mismo”. Mal de muchos, consuelo de tontos.

Entonces encontré una herramienta, un principio, un salvavidas para esos días en los que la mayoría de la gente se hunde y abandona sus sueños. Ese principio es el siguiente: ALGO ES MEJOR QUE NADA.

Así es. Algo es mejor que nada. Entonces, para esos días de desmotivación y falta de ganas, lo que hacía era decirme a mí mismo: “bueno, hoy realmente no tengo ganas de entrenar ni comer sano, pero algo es mejor que nada, así que vamos a hacer una rutina de 10 minutos, o de 5, o 50 flexiones de brazos”, y así lo hacía.

Y lo más increíble de esto, es que muchas veces, terminaba entrenando normalmente, es decir, como un día en el que me sentía motivado. O sea, el apenas accionar un poco, me llevaba automáticamente a auto motivarme, lo que me llevó a concluir que el sentir, sigue a la acción.

Además, lo que me dio ese principio, es la sensación del deber cumplido. En efecto, cada vez que terminaba de hacer una pequeña rutina esos días de desmotivación, sentía que había cumplido con mi deber, lo cual me hacía sentir muy bien conmigo mismo.

El Deber Cumplido

De este modo es que pude sostener todos estos años, mi entrenamiento y mi alimentación y demás hábitos saludables. No fue magia, ni tampoco talento ni nada por el estilo. Fue principalmente vencer mi sombra, mi lado oscuro que siempre está presente para tentarnos de manera complaciente, suave y tierna como una madre sobreprotectora.

El problema es que esa sobreprotección termina haciéndole muy mal a un hijo. Lo mismo que hacerle caso a esa voz condescendiente que todos llevamos dentro.

Y es este principio que sigo aplicando cada día que me siento desmotivado o con falta de ganas. Porque ese lado oscuro que todos tenemos, no descansa, no se toma vacaciones ni renuncia nunca. Pero eso sí, esa voz se va haciendo cada vez más pequeña y vamos adquiriendo cada vez más capacidad de acallarla más rápido.

No hay grandes secretos ni formulas mágicas. Se trata simplemente de hacer lo que hay que hacer, tengamos o no ganas de hacerlo. Por eso, nunca lo olvides, siempre algo es mejor que nada.

Y aunque te caigas, levántate y sigue en el camino, no abandones, porque al final de eso trata superarnos: arremeter, cometer errores, caerse, golpearse, sufrir el dolor, sanarlo y volver a arremeter. Y así sucesivamente hasta que nos vayamos de esta vida.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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