Por Qué Buscar Tu Mejor Versión Física: Lo Que No Se Ve

Hace exactamente 5 años y 5 días, me proponía cambiar mi cuerpo y mi salud. El 31 de diciembre de 2014, decidí cambiar mi físico, y como consecuencia no sólo cambió mi cuerpo sino que cambió mi persona, cambió mi vida. Y sigue cambiando…

Al buscar mi mejor versión física, mi mejor versión corporal, sin saberlo comencé a encontrarme con mi mejor versión como persona.

¿Por qué sin saberlo? Porque la verdad es que no tenía idea que para lograr un cuerpo y una salud excepcionales, había que transformarse en una persona excepcional.

Y al decir esto no me refiero a ser mejor que los demás. Simplemente no me comparo con las demás personas sino que mi comparación es conmigo mismo. Con quien era antes de comenzar este camino de transformación que comencé hace 5 años y que durará toda mi vida.

Transformación Física

Cambié como persona porque para poder buscar mi mejor versión física y corporal (cuerpo y salud) tuve (y tengo) que desarrollar aspectos de mi persona que sinceramente, no estaba acostumbrado a hacer de manera regular y consciente. Tuve que aprender a desarrollar hábitos y virtudes que sólo había desarrollado en mi vida unas pocas veces en casos puntuales y no del modo que los estoy desarrollando actualmente. O sea, no a este nivel.

Me refiero a hábitos como la autodisciplina, la constancia, la fortaleza mental, la paciencia, entre otros. Ya que en mi caso, desde que inicié este camino hace cinco años, lo hago solo, sin ningún entrenador ni compañeros de entrenamiento ni equipo de trabajo ni nada externo que me fuerce a cumplir con mi compromiso de entrenar, comer saludable, descansar y llevar una vida sana en general.

Cabe aclarar que sigo a grandes referentes del fitness y del wellness; pero más importante aún, son los referentes en el desarrollo personal de quienes busco aprender conceptos e ideas para ir implementando en mi vida, ya que llevar una vida saludable logrando un cuerpo y una salud excepcional, es más un tema mental y espiritual que físico.

Sin embargo, con ninguno de estos mentores tengo ningún tipo de compromiso y si hay algo de lo que voy tomando conciencia, es que mi aprendizaje está cada vez más en mi propia mente. En esos momentos que comienzo a llevar el cuerpo al límite y mi mente quiere frenar por temor al dolor, al sufrimiento físico (o emocional). Es en esos momentos donde el aprendizaje comienza: dejar de escuchar ese lado instintivo de la mente para forzarme a seguir adelante y dar más, mucho más de lo que creo que puedo dar.

Por otro lado, ni siquiera cuando jugaba rugby en primera división tenía el nivel de compromiso que tengo actualmente con el entrenamiento y la vida saludable. Pues en aquel tiempo, yo formaba parte de un equipo y si uno quería jugar en las categorías más altas, estaba obligado a asistir a los entrenamientos. Por supuesto que había una buena medida de disciplina y auto motivación, pues de no ser así, hubiera sido puro masoquismo. Pero esa disciplina y motivación era algo que venía desde afuera, desde los entrenadores y buscaba ser transmitido a los jugadores. Por eso, ese compromiso nunca llegó a ser igual de profundo que el que tengo actualmente con mi estilo de vida. En ese entonces no tenía la experiencia y la capacidad de aprendizaje que tengo hoy.

Jugando Rugby en Primera División. Nota del diario Olé.

Lo mismo puedo decir de mi carrera universitaria: mi compromiso en aquel entonces no fue del todo interno mío, sino que también me movían factores externos, como mi creencia adquirida o programada de que si quería ser alguien en la vida necesitaba de un título profesional, o que para ganar dinero era necesario estudiar una carrera universitaria de las tradicionales, o que la vida simplemente era algo que debía transcurrir de manera lineal: terminar el colegio, estudiar una carrera universitaria, casarse, tener hijos, comprar una casa, auto, etc. y como consecuencia de todo eso, ser feliz. Entonces, el título universitario era una de las piezas del rompecabezas de la felicidad.

Pues bien, nada más errado que esos conceptos. No por los conceptos en sí, sino porque no eran “mis” conceptos. Luego de más de 15 años de experiencias muy variadas, como cambios de trabajos, empleos, hijos, un divorcio, separaciones de pareja, relaciones tóxicas, fallecimientos de gente conocida, quiebras financieras y demás cosas que han traído aparejado mucho dolor y alegría, pero sobre todo también mucho aprendizaje, hoy puedo decir que mi autodisciplina surge del profundo amor y compromiso que siento hacia lo que hago con mi salud y mi cuerpo. No hay nada externo que influya directamente en mi compromiso hacia mi propósito de salud: lograr mi mejor versión física y corporal actual.

Aprender de las experiencias, sobre todo de los constantes fracasos que he tenido y tengo en mi vida, es lo que me hace no tener mucha opción: o mejoro o sigo fracasando y sufriendo cada vez más a costa de más dolor. Y ante esta opción, termino aprendiendo y por ende, mejorando cada día un poco más.

Es decir, no aprendo por ser sabio ni tener un coeficiente intelectual superior a nadie. No, aprendo porque quiero ser mejor que lo que fui ayer. Aunque a veces me lleve más tiempo del necesario, porque soy humano, porque caigo y me levanto, una y otra y otra vez. En mi caso, no es una carrera, no me corre nadie, ni siquiera el tiempo, por eso me tomo mi aprendizaje con calma, y de ese modo busco disfrutar el viaje lo máximo posible.

Y aquí es donde aparece otra gran virtud que -luego de varios golpes- aprendí a forjar: la paciencia. Aprendí a través de mi entrenamiento, de la nutrición sana, del descanso y de la vida saludable en general, que el tiempo trabaja a nuestro favor, si lo dejamos trabajar. Si no buscamos forzar las cosas, el tiempo (junto con el trabajo, por supuesto) nos trae los resultados, sobre todo, si no estamos pendientes de esos resultados.

La paciencia ayuda a disfrutar el camino sin estar mirando la llegada. Nos mantiene enfocados con la atención en lo que debemos hacer AHORA, a cada momento, sin volvernos locos ni desesperarnos por los resultados. Es así como la paciencia nos ayuda a permanecer en el presente al punto de comenzar a amar ese momento presente, porque técnicamente es lo único que tenemos: el pasado ya pasó y no existe, y el futuro no llegó, no está aquí, por ende, tampoco existe. Es así que lo único que hay es el momento presente.

Esto me lleva a otra virtud que el estilo de vida saludable me ha dado: la capacidad de vivir el momento presente, de enfocarme al máximo. Esto es algo que vivo de manera muy marcada mientras entreno principalmente e incluso mientras juego squash. En esos momentos, tengo la plena concentración y atención puesta en lo que estoy haciendo. Ya sea levantando una mancuerna, una barra, haciendo dominadas o jugando un agotador punto de squash. Es indistinto, la atención está completamente en ese momento.

Enfocado en el momento presente

Lo mismo busco hacer con la alimentación: al momento de comer, busco concentrarme en los alimentos que voy a ingerir, sin distraerme en otras cosas. Confieso que este aspecto me resulta menos natural que el entrenamiento, por lo que estoy trabajando en ello. A veces lo logro más que otras, pero nuevamente, lo importante es que de a poco lo voy haciendo cada vez mejor.

El compromiso con un estilo de vida saludable y con la constante búsqueda de mi mejor forma física me ha dado también el desarrollo de la virtud de la constancia, ya que desde que comencé este camino, nunca paré. Por más que hayan habido días en los que no pude entrenar por causas de fuerza mayor, el camino y el propósito siempre está claro, y es por eso que siempre sigo adelante. Es un estilo de vida, no es un programa de entrenamiento ni tampoco una dieta. Es LA FORMA DE MI VIDA.

Es por esto que las dietas y los programas temporales de entrenamiento no funcionan. Porque no implican un cambio profundo en la manera de ver la vida, en la manera de vivir. Y todos los que han logrado un cuerpo y un estado físico excepcional coinciden en lo mismo: es un estilo de vida.

En definitiva y concluyendo, no escribo este artículo para mandarme la parte, ni para pavonearme de tener un buen cuerpo. No, hace tiempo que no busco la aprobación de los demás para hacer lo que quiero. Lo hago porque estoy convencido de los inmensos beneficios personales y de carácter que trae esta búsqueda de tu mejor versión física.

Es por todo esto que la búsqueda de mi mejor versión física me ha convertido y me convierte día a día en una mejor versión de MI PERSONA. y sin lugar a dudas, eso es lo que recomiendo también para tu vida.

Federico Medina
Life & Wellness Coach

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