La Luz de la Conciencia

«Lo único peor que no tener vista es no tener visión».

Esta frase de Hellen Keller resume en pocas palabras la importancia de poder tomar conciencia de las cosas para poder elegir lo mejor para uno mismo, sobre todo porque muchas veces lo que deseamos no es lo que necesitamos.

Y Hellen Keller sabe de esto por dos motivos: quedó sorda y ciega al año y medio de vida y sin embargo, a pesar de esas supuestas limitaciones, llegó a ser una famosa conferencista y escritora de nivel mundial.

Hellen Keller

La toma de conciencia nos da visión, ilumina una situación. Por eso se le llama tener un momento de «iluminación». No se trata de vestirse de naranja como un monje tibetano ni de aislarse en un monasterio, sino que iluminarse se trata simplemente de «darse cuenta» de algo. Nos «cae la ficha». Así de simple y así de difícil.

Difícil porque hasta que no tomamos conciencia estamos ciegos para saber en dónde estamos parados. Es por eso que no se puede juzgar personalmente a quien no ha tomado conciencia de una situación. Ya lo dijo el mismísimo Jesucristo mientras lo estaban crucificando: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen». Se requiere un altísimo nivel de evolución y conciencia para tener una actitud así en semejante momento. Puro amor.

«Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen»

Sin embargo, es cuando aparece la luz de la conciencia que comenzamos a tener visión. Visión para ver dónde estamos parados, para ver por qué estamos donde estamos, para darnos cuenta que somos los únicos autores de nuestra situación y circunstancia. Visión para ver qué es lo que tenemos que hacer para salir de una situación y emprender el camino hacia otra vida. Una vida que soñamos.

Es por esto que resulta tan importante en nuestra vida, dejarle lugar a esa luz. Cuestionarnos si nos sentimos inquietos, si no estamos felices con algún aspecto de nuestra vida, con nuestra vida de pareja, con nuestra familia, con nuestros amigos. Con nuestra salud, nuestra profesión o nuestra situación económica.

Por el contrario, no evadirnos de esos sentimientos con distracciones. Porque en el fondo, esa evasión responde al miedo. Al miedo a enfrentar nuestros fantasmas, nuestras sombras. Por eso nos evadimos. Porque enfrentar el miedo, abrirnos, implica dejarle lugar a la luz de la conciencia, a la verdad. Y la verdad una vez que entra, es implacable. No perdona. La luz todo lo cubre.

Iluminación y conciencia

Porque la toma de conciencia implica posibilidad de cambio, y el cambio nos asusta. Nos empuja a lugares desconocidos, y eso nos da miedo. Por eso, en definitiva, es tan importante como dice Keller, tener visión. Porque la visión nos hace atravesar el temor. La visión guiada por el amor, trasciende el miedo, lo desvanece, y surge la plenitud. Y no hay nada más hermoso que atravesar la vida con la mayor plenitud posible.

Federico Medina

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